recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 8 de julio de 2014

Susan George: la razón elemental vs. la incoherencia racionalizada

Susan George


..“Más vale que pongamos bajo control a estos locos”, dice en alusión a los banqueros en un momento de la entrevista, “¡hacen lo que quieren y los Gobiernos les animan a seguir haciéndolo!”..

Pregunta. ¿Qué está pasando en este mundo en el que vivimos?
Respuesta. ¿Dispone usted de tres horas? Bueno, es relativamente simple. Hemos permitido al capitalismo hacerse, virtualmente, con cada aspecto de la existencia humana; tenemos un sistema financiero que está completamente fuera de control, y ninguna autoridad parece querer controlarlo; hay una carrera entre las compañías multinacionales para hacerse con los recursos que quedan, ya sea energía, comida, tierra, agua, metales, oro... Y hace 10 años parecía que se estaba produciendo una toma de conciencia ecológica, pero eso parece haber desaparecido completamente."..



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Sir Francis Galton (1822-1911) fue el padre de la eugenesia. 
Médico ingles y primo de Charles Darwin



Ayer charlando con un buen amigo sobre la esperpéntica situación económico-social que vivimos, éste concluyó con la predicción de que en diez años volveremos a ser atacados por una crisis irracional como la de ahora, pero esta vez, según su interesante criterio, iba a ser mucho peor que la que estamos intentando superar en la actualidad.

Esta idea me hizo pensar en que, si conjuntamos ciertos criterios percibidos en la elaboración de posts como el anterior sobre el Sr. Mújica y los que nos expone nuestra ilustre invitada de hoy Susan George, descubrimos que el discurso apocalíptico está plenamente activo en todo el aire que respiramos.  Sin apenas percibirlo, la atmósfera está siendo contaminada con toxinas que estremecen la biología de todo ser concupiscente y visceral.  Las notas que confunden al habitante en su sordera producida por las estruendosas trompetas del abuso, están ya sonando con una melodía familiarizable que nos invita incluso a seguir sus notas y danzar; nuestros órganos auditivos se estremecen temblorosos a ritmo de las frecuencias productoras de esa banal satisfacción, por el mero hecho de acompasarse a algo encadenado, repetitivo y con un cierto carácter palpitante.  

La realidad de una teoría conspirativa se convierte en un hecho consistente cuando existe una sola prueba de que algo durante el proceso se ha hecho extremadamente mal. 

Esta devastadora recesión que potencialmente se avecina será el crematorio de la materia social descompuesta remanente, la que carente ya de vida antes tanto ilusionó al individuo colmado de vitalidad.  Aquel ser que hoy postra todos sus sentidos viéndose obligado a danzar al son de la estupidez colectiva, la que viene promovida por el desenfrenado y voraz empuje de los pocos poderosos que amasan sin sentido y producen dolor colectivo sobre nuestro paradigma individual.

Quizá sea razonable pensar que nuestra estirpe requiere un nuevo comienzo, un resurgimiento como muchos manifiestan desde algunos rincones pseudo-oscuros con más bien poca naturalidad.  No obstante, hay que darse cuenta de que esa etapa de iniciación exige, por coherencia, la extinción del individuo como lo entendemos en la actualidad.  El carácter intrínseco del ser humano intenta transgredir, cada vez más, las razones que contemplan el rigor más puro del sentido común, aquel siempre tan necesario para desarrollar una vida amable en comunidad.  Además de todo esto, aquellos hacendados del poder exprimen con la metodología más errónea y la más inverosímil al individuo despistado que campa a sus anchas sobre la corteza terrenal, pretendiendo formar parte de alguna sociedad, aunque sin mojar sus zapatos con el agua de la comunidad.

Es más que probable que en estos momentos nuestros deberes como individuos giren en torno al prototipo de una eutanasia colectiva como raza, mejor que alrededor del intento de gestar un imposible cambio en toda nuestra cultura social.  Cada vez que percibimos algún hecho de vanguardia, vemos más plausible la eugenesia como algo que ya está sucediendo con toda naturalidad y nos olvidamos, totalmente, de que deberíamos encarcelar a todos esos enfermos acumuladores para poder emancipar nuestra nobleza y capacidad de colaborar.  De este modo podríamos determinar el determinante sentido de una existencia digna con la que iniciar el verdadero periplo colectivo y poder plantear el correcto y natural arte de socializar con la fuerza de nuestra razón más elemental.

Quién sabe.., quizá se trate de alguna infección del cerebro y pronto  algún epidemiólogo consiga el antídoto para exterminar los nocivos microorganismos que atacan en exclusiva a los dementes del capital, esos enajenados enfermos psicóticos que van sucumbiendo sin ningún tratamiento efectivo real. 

Quizá la conclusión de todo este embrollo sea sencilla y llanamente, vivir la vida loca y, al final, conseguir morirse en paz..