recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

viernes, 4 de julio de 2014

Un ego que sirve a la justicia y propaga el discurso político-social transformador..







"..un antiguo guerrillero marxista, fue encarcelado por 14 años desde 1972, una década de los cuales los pasó en confinamiento solitario, algunas veces en el fondo de un pozo. Los crímenes de la guerrilla incluía robo a bancos y empresas y acto seguido distribución de efectivo y comida a los pobres".

"..el humilde Mujica está en posesión de una suerte de ego, como tienden a tenerlo los humanos. Ego al servicio de la justicia es mucho más grande que el ego dispuesto a la destrucción".

fuente



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En estos tiempos de manifiesta y creciente cólera social en contra de todo el abuso que se genera desde las cumbres del poder de cada estado mundial, amanece desde la lejanía del horizonte un perfil de amabilidad y de competencia que aquí pretendemos ensalzar y comentar de una forma breve y abstracta, con el simple ánimo de hacer una ligera reflexión para acercarnos algo más a la indispensable litúrgia del respeto y la humildad con nuestro entorno.
La historia de "Pepe" (José Alberto Mújica Cordano) puede ser registrada, consultada y ciertamente contrastada a través de los buscadores en internet ya que, desde su proclamación como presidente de la República Oriental del Uruguay, el pequeño estado que separa a Brasil de Argentina con 3,4 millones de habitantes, este sencillo personaje se ha convertido en el portavoz más rotundo y clamoroso de la coherencia y del sentido común.  Mediante un discurso que escapa con facilidad del ensordecimiento colectivo, precisamente ese con el que nos tienen acostumbrados por imposición superlativa los gerentes del elitismo contemporáneo frente a una creciente desidia colectiva irracional, él nos transmite, de alguna manera, que los jefes "..luchan por perpetuar su situación (de seguridad) ante el terror que sienten por la posibilidad de seguir descendiendo en la pirámide infernal de sumisión.." (fuente), mientras el noventa y nueve por ciento restante cae en picado en el lodo sin ninguna posibilidad de levantar cabeza o la simple capacidad de alzar sus incultas voces indeterminadas ante el absurdo que les está aplastando.

Sobriedad manifiesta en sus palabras e indiscutibles principios basados en la humildad como fundamento absoluto de su propia filosofía de vida.  Vivir con menos para disminuir la necesidad de acumular problemas, es la raíz que proclama un árbol frondoso y fructífero en motivaciones personales del que proclama, de una forma rotunda, obtener unos frutos de calidad suprema.  Sin duda un carácter que vulnera la vorágine que le enfrenta directamente a la contundencia y la imposición del un irreverente capitalismo que rige sus principios en el crecimiento económico que evoluciona concentrándose en porcentajes más decrecientes de la sociedad mundial.






La tolerancia sobre el pensamiento que mantiene su razón en el avance regidor del capital en el planeta es categórica y muy crítica, pues lo identifica irónicamente con la absurda corbata que nos oprime la respiración para proporcionar una visión aceptable del individuo con el que hay que negociar un pacto del que ambos, supuestamente, sacarán un gran beneficio al cerrar.  Cuan mejor sea la corbata, mayor recompensa para a ambos..  Quizá sea por eso que él no la utilice y, por ello, se jacta de procurar un consolidado ejemplo ante sus colegas de trabajo que cada vez más asimilan su ejemplo.

Hoy, agrupaciones políticas de nueva constitución están ganando adeptos y votantes mediante el discurso tipo que este gran personaje desarrolla, aunque no lo haya creado él pues yace en el interior de cada individuo desde que percibimos cierta consonancia con nuestro entorno.  La única diferencia es que algunos lo olvidamos o lo ocultamos tras los intereses personales que provocan la situación actual.


Alberto Garzón, Ada Colau y Pablo Iglesias son, por citar a algún ejemplo de político sensibilizado de nuestro castigado país, son discípulos del rigor de Mújica que se está extendiendo incómodamente para algunas minorías sobre un panorama social demasiado castigado ya por las normas establecidas por la sinrazón habitual.

Es obvio que no tardemos demasiado en entender, especialmente siete millones de votantes españoles, que esto no marchará bien para todos hasta que nuestro interés global se anteponga al egocéntrico, petulante y narcisista interés individual frente al diezmado carácter de colectividad social.