recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 1 de marzo de 2016

El pesar de los pesares es tan ligero que quizá no existe, ensayo






Lejos de pretender establecer las pautas que coordinan la mecánica entre las interacciones que se desarrollan en la sociedad, cuando uno piensa en ello, es difícil evitar creer que en ciertos momentos de circunspección introspectiva, la razón más elemental que motiva a los individuos a interaccionar los unos con los otros radica en la supervivencia dentro del colectivo social.

La soledad es un campo desconocido y opuesto a nuestra curiosidad por naturaleza.  Como dijo Blaise Pascal:  "todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación".

A pesar de todo lo que podamos distinguir como elementos discordantes bajo la razón o el empirismo, casi todos los enunciados particulares pueden ser consolidados en una disyuntiva según se aprecie por el pensamiento subjetivo, bien sea propio o ajeno, independientemente del tipo de relación que establezcamos o creamos que hemos establecido a priori.

Poco tiempo atrás, un adorable y provocadoramente inteligente ser humano, de una forma algo contundente asentía ante la cuestión que nos ocupa como la clave exacta para poder disipar las dificultades que sentimos durante el progreso de nuestras vidas.  Todo sentimiento es falso, todo es irreal.  Afirmando que la obtención de algún beneficio constituye el preciso mecanismo que consolida nuestras formas de navegar en paralelo sobre el contexto emocional, probablemente en la más pura de las relaciones sociales posible, la que va más allá de la tan compleja amistad.

Aquello que nos hace creer que la máxima afinidad entre dos personas es un espejismo de banalidades y carece de una profundidad sentimental.  Constituye una composición de humilde objetividad y más relacionada con el pensamiento centrado en la errada hipótesis o la mala experiencia personal.  Ante éstas, se dispersan las concreciones relativas a dicho concepto con insultante facilidad y pueden hacernos perder el hilo que conduce hacia el futuro y pleno camino que podamos pretender andar.

El vacío que se produce al pensar que una verdadera razón existencial puede ser la indiferencia, como apreció Albert Camus determinando que "hay en mi un vacío atroz, una indiferencia que duele";  se nos puede llenar la mente de variables desconocidas y, por tanto, despreciables si nos conducimos por la vida con el desafecto o la neutralidad.  El mero echo de concebir el vacío significa indiscutiblemente que entendemos la existencia de algo que no se puede, por tanto, negar.

La teoría no es como la práctica, pero la primera se acerca extremadamente a lo que entendemos por construir la realidad.  Los caminos pues, si seguimos la lógica científica que no puede negar aquello imposible de recortar en cifras como el infinito, convergen paralelamente durante tramos tan longevos como uno quiera descifrar de su propio sentimiento de integridad colectiva, pues es exactamente ese concepto el que constituye el elemento que cohesiona cualquier relación social.

Otros rezan pomposas y complejas oraciones sobre la infinidad del individuo, la compleja hibridación objetiva y material con el vacío del Universo, la singularidad existencial de todos y cada uno de nosotros que puede llegar a determinar ejes de energía donde la materia deja de ser tan funcional como la entendemos en nuestra forzada y clásica realidad, como nos indica felizmente el honorable pensador autodidacta Nassim Haramein.

De entre muchas otras teorías, los postulados generales de la física cuántica nos conducen a variadas formas de entender aspectos sobre el lleno y el vacío, lo posible, lo imposible, lo real. Fundamentos que definen aquellas posibilidades tautológicas que establecen la imposibilidad indiscutible de adecuar la experiencia de lo vivido como un único eje del razonamiento más pragmático en lo que atiende a la interacción social.

Claro está que si no atendemos a otras maneras de ver la vida, estos interesantes postulados jamás se contrastarán.








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