recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

viernes, 4 de marzo de 2016

La tierra empieza donde termina el mar, ensayo





Cuando uno comienza a despertar la visión ininteligible generada por la monotonía cotidiana, despacio, abre su mente mientras trata de enfocar el encuadre de una nueva realidad con un cuidado extremado.  Paulatinamente aprecia nuevos colores, se va despejando el panorama oculto por la insolvencia de la comodidad y la cobardía, y se descubre que los días pretéritos han desaparecido a una velocidad inconcebible, sin apenas haberlos podido aprovechar.

La sensación que aparece resulta espantosa, delirante, aterradora.., aunque también consolida una imagen de la que el perezoso y torpe intelecto huyó desde que el letargo del alma subjetiva empezó a construir el rincón donde madura el mal hábito hacia la desesperanza.  Se trata de la visión siniestra de una sólida nebulosa que adormece los sentidos, un estado que contiene atributos más relacionados con la hibernación de la psique (o fuerza vital) que con cualquiera de las ideas que permiten encontrar algo de realismo positivo en una mente despistada.

Buscar la verdad en un instante como este, es tan comprometido que constituye un ejercicio de alto riesgo, especialmente si nos apoyamos con el báculo que utilizamos al andar indeterminados por un realismo desdibujado.  Mientras nos incorporarnos para advertir la evidencia, caemos de bruces al suelo sin poderlo controlar.  El firme es demasiado abrupto y topamos con todos los impedimentos pasados por alto debido a la falta de visión dispuesta por la lenta e inadvertida destrucción de nuestro propio ego.  Aún, incluso, cuando la descripción de la realidad venga servida en platel de argento por aquel que luce un dorado color de verano ideal, seremos incapaces de ver el camino preciso que nos conduce a una verdadera y auténtica finalidad existencial.

Estamos ahí ante ese instante en el cual uno debe afrontar un contencioso con las incoherencias del pasado y desde donde necesita impulsar nuevas fuerzas con un encuadre hacia un panorama más colorido y funcional.  Todo ello sin desestimar la profunda y cautelosa analítica de los motivos que encauzaron esa desestructuración primaria y valorando, sobretodo, todos los efectos secundarios que deriven del posible desenlace final.

Decía Churchill, en una frase seguramente fuera de este contexto pero útil en la semántica actual, que "el éxito no es definitivo y que el fracaso no es fatal, es el valor de continuar lo que cuenta para avanzar".  También Machado, el gran poeta, cuatro principios claros nos dictó hace ya un tiempo atrás:  "Lo contrario es también frecuente.  No basta mover para renovar.  No basta renovar para mejorar.  No hay nada que sea absolutamente "empeorable".

Visto así, una simple oración perfecta puede hacer desmoronar a un texto barrocamente elaborado, aquel que divaga con el concepto sin puntualizar en la razón. Laconismo antes que demagogia, precisión, elaboración, exactitud, claridad, concisión y conclusión. 

Estamos hartos de oírlo, no hay más que simplificar la vida para no sentir complejidades al intentar determinar caminos acertados.  La verdad absoluta siempre vendrá oculta completamente por la duplicidad.

Dale tiempo, amigo.., pero jamás dejes de pensar.




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