recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

viernes, 25 de abril de 2014

Religión o pensamiento, unos evolucionan hacia fuera y otros hacia dentro..






Ram Dass (Dr. Richard Alpert) asistió a la escuela de Williston Northampton, donde se graduó en 1948 como parte de la Asociación Cum Laude. A continuación, pasó a recibir la licenciatura en Artes de la Universidad de Tufts, un máster en la Universidad de Wesleyan y un doctorado (en psicología) en la Universidad de Stanford.

Después de regresar de una plaza de profesor visitante en la Universidad de California, Berkeley, Alpert aceptó un puesto permanente en la Universidad de Harvard, donde trabajó con el Departamento de Relaciones Sociales, el Departamento de Psicología, la Escuela de Graduados de Educación y el Servicio de Salud, donde fue terapeuta. Tal vez lo más notable fue el trabajo que hizo con su amigo cercano y socio Timothy Leary. Tanto Alpert como Leary experimentaron con dedicación una intensa investigación sobre los efectos potencialmente terapéuticos de las drogas alucinógenas como la psilocibina , LSD- 25 y otras sustancias químicas psicodélicas. Escribieron conjuntamente un libro titulado The Psychedelic Experience. Leary y Alpert fueron despedidos formalmente de la universidad en 1963. Según el presidente de Harvard Nathan M. Pusey, Leary fue despedido por abandonar Cambridge y sus clases sin permiso o aviso y Alpert por presuntamente dar la psilocibina a un estudiante universitario (wiki). 



"cuando nacimos, vinimos a un mundo después de estar en el estado puro de "hogar", en el vientre de la madre, sintiendo ese momento de liberación al nacer.  Cada vez que retornamos a nuestra casa tenemos ese mismo sentimiento cuando tumbamos nuestros pies para relajarnos, o nos tomamos una taza de té o lo que sea que hagamos para sentirnos que estamos en casa o en un espacio seguro..".



"En el momento en el que pierdes tu identificación con tu propia personalidad,... estás perdido".



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Cuando escuchamos a alguien hablando sobre el concepto de la espiritualidad en un contexto dentro de nuestra realidad, normalmente pensamos en una idea con la que se percibe a un personaje generalmente barbudo, anciano y vestido con una túnica estampada con flores.  Pensamos en sus enunciados, siempre pronunciados en voz tenue y precisamente parametrizada, emulando comentarios que bailan alrededor de la posesión absoluta de la verdad, la que extrapolan desde el convencimiento del maestro ante sus alumnos.

Karma, Namaste, Espiritualidad, Guru, Alma, Consciencia, Ser, Ego, Harmonía, Dahrma.., son palabras muy comunes en su dialéctica.  Relaciona sus pensamientos con las implicaciones de nuestra alocada y compleja realidad en el mundo avanzado (o más industrializado) analizando postulados desde una forma de pensamiento que se origina desde un panorama donde todo es posible porque no existe dicha complejidad material.

En la precisa combinación de estas dos realidades opuestas, la de un materialismo racional con una espiritualidad ciertamente congruente, se produce un gran contraste con el que se inicia la coherencia conceptual que se convertirá, decantándose por el peso propio de la materia que emana de su propio choque, hacia el plano que genere naturalmente el movimiento para que motive a algunos a abandonar el materialismo de su realidad para después, inmediatamente, introducirse en el proceso abiertamente tildado como conspiracional y místico-paranoico dentro de nuestro mundo moderno; curiosamente nadie se ha manifestado públicamente tomando el camino opuesto, por lo menos ante los ojos de este humilde servidor.

Aquello de que "la libertad existe dentro de uno mismo", creo que lo tenemos todos bastante claro y asimilado, pero, sin duda, debemos entender que "la liberación de uno acaba exactamente donde empieza la de otro".  

La respetuosa y constructiva crítica al maestro espiritual con orígenes fundados en el budismo, se plantea algo obtusa a priori, puesto que éste relaciona sus conceptos desde la evolución lógica natural contrariada sólamente por un materialismo nocivo que nos ha hecho crecer hasta la fecha, según su punto de vista, nada más que inmersos en la perdición desde un punto de vista tanto espiritual como racional.

No obstante, sería interesante imaginar cómo sería hoy el mundo si las doctrinas del proverbial y escuálido nazareno hubieran sido secundarias, especialmente en nuestra parte más avanzada del planeta, a las del amigo sonriente y gordinflón de la parte más oriental.  Supuestamente, la creencia que el primer citado en este texto estableciera en su época, sin quizá quererlo ni beberlo, dio pie con el paso de los años a la doctrina que generó la desmesurada, estúpida e inconsistente enfermedad humana de acumular.  Algo que los postulados del segundo profeta jamás contuvo, ni en sus tiempos mitológicos ni actualmente, en el seno de los enunciados de su cada vez más extendida religión.

Unos extrapolan sentimientos de hermandad y otros generan en el individuo la necesaria y propia involución trascendental.  Cierto es que si tomásemos con pinzas de precisión determinados condimentos de cada postulado para cocinar el ansiado alimento racional, seguramente venceríamos a la congregación de la injusticia que cómodamente tenemos instalada a lo largo y ancho del panorama de la civilización global. Lo que para unos genera el movimiento evolutivo, para otros deviene y determina una ruina natural total.

Planteamos estas líneas como una humilde reflexión ante la irracional situación que vivimos actualmente dentro del inconsistente y empobrecido nivel de nuestra susceptible y atolondrada razón.  Siempre observando desde el filtro que nos ofrece el prisma de la meditación constructiva hacia una coherencia racional y evitando, así, el perjuicio de nuestra certera evolución natural.  Aunando en positivo para que ambas partes puedan obtener aquellos sanos y naturales condimentos con los que cocinar el caldo para alimentar con solvencia y abundancia nuestro avance hacia el panorama del respeto y del buen hacer global.





Quizá sea oportuno que comencemos ya a entender que para que uno alcance generar desmesurados dividendos individuales, una multiplicidad exponencial de seres deben sucumbir al propio ansia de acumular.., comprometiendo la escasa parte que les corresponde en algo simplemente conceptual.