recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

miércoles, 15 de enero de 2014

MELAPELA y la hipócrita caperucita madrileña




".. ¿Qué consecuencias tiene este sistema perverso de contratación? Que no interesa el trabajo bien hecho, el proyecto riguroso o la dirección de obra responsable porque no dejan margen para fullerías. Se está favoreciendo la mediocridad y el ejercicio profesional imperfecto porque a peor proyecto, mayores modificados, mayores beneficios por la puerta de atrás, mayor número de amigos satisfechos, mayores comisiones y en definitiva mayores lucros para unos pocos en contra del bien de la mayoría de los españoles. 

Así ni se hace marca España ni seremos nunca un país serio".


enlace al texto completo.

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Comenzaremos esta breve contestación disculpándonos por la proyección de un concepto que se encaja mediante la supuesta medicina con la que, buenamente, se podrían apaciguar los nocivos efectos de la enfermedad que la perla autora del escrito, publicado por  El País el pasado 14 de enero, se regocija imponiendo su publicación, como aquel que jamás rompió un plato..

Sepan ustedes, estimados lectores, que los cánones de los Colegios Oficiales de Arquitectos (nunca supe el porqué de tanto renombre para una institución que vive a costa de sangrar a los demás sin ninguna razón existencial) son desmesurada y altamentemente absurdos.  Estimada ex-decana del COAM,  ¿cuando usted ocupó su cargo, creo a partir del 2007, acaso ajustó dichos costes a un baremo más coherente? ¿Acaso no influyen los mismos en el coste total sobre sus amados con-"ciudadanos"? ¿Casi el 1% del coste de un edificio supone los honorarios del arquitecto?  ¿En qué planeta?  En el suyo seguro que no.

Estimada Paloma Sobrini, pese a dedicar su carrera principalmente a la arquitectura sanitaria (la que carga con más porcentaje de ingresos para el arquitecto de todas las modalidades edificatorias), sus palabras denotan que usted no entiende casi nada de la práctica profesional de la arquitectura en nuestro país, tampoco respeta a los "ciudadanos" a los que pretende confundir con su alegato colmado de perversa hipocresía.

Si de verdad pretende romper una lanza por la profesión más torturada del planeta.., métase de verdad con el colectivo de sus amiguetes politicoides a través de las vías racionales y no levante perdices en la época de cría..


Contrariamente a lo que usted afirma, SÍ nos interesa a todos el trabajo bien hecho, porque a los usuarios de los edificios SÍ les interesa la comodidad, la utilidad de sus espacios y, sobretodo, la calidad de los acabados para gozar de su pública inversión durante el máximo tiempo posible.  Los culpables no sólo son sus amiguetes desde las salas del control, también juegan un papel relevante en el desaguisado sus propios compañeros de profesión quienes reparten desmesurados beneficios de una forma tan corrupta como la de los empresarios constructores que rebajan sus propuestas para obtener las adjudicaciones.  El colectivo del cemento en su plenitud huele a podredumbre desde los inicios de la historia de la que nos habla el ilustre Octavio Paz.

Haga Ud. el favor de contarnos algo más interesante la próxima vez que su amiguete del periódico El País le ceda un espacio tan generalizadamente divulgativo, seguro que de su extensa experiencia profesional puede extraer alguna historieta con un contenido algo más 
interesante, si acaso válgase de esa encantadora solvencia que todos mostramos cuando queremos transgredir perseverando hacia la más fehaciente utopía dentro de nuestra denostada realidad..





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