recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

miércoles, 29 de enero de 2014

¿PODEMOS decir en voz alta y tras una palestra que hay poder en la sociedad?




Somos personas convencidas de que ante la situación de urgencia social, es el momento de dar un paso adelante y de que dándolo nos vamos a encontrar con mucha más gente. Los de arriba nos dicen que no se puede hacer nada más que resignarse y, como mucho, elegir entre los colores de siempre. Nosotros y nosotras pensamos que no es tiempo de renuncias sino de mover ficha y sumar, ofreciendo herramientas a la indignación y el deseo de cambio. En las calles se repite insistentemente "Sí se puede". Nosotras y nosotros decimos: " Podemos".


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"toca el claxon si quieres cambio"


Pocos tienen el valor de intentar abanderar un movimiento de resurrección social, el Sr. Pablo Iglesias, politólogo, escritor, profesor de Ciencia Política la U.C. de Madrid y presentador de programa televisivo, entre otras cosas, es uno de ellos.

Declarado de ideología izquierdista, el Sr. Iglesias Turrión  afiliado al comunismo desde los catorce años, aboga por hablar a la sociedad con predicados desprovistos de toda la lana política innecesaria y con un discurso sin el carisma conductor hacia las triquiñuelas del omnipresente y totalitario aspirante a candidato gobernante.

Su concepto es dotar al pueblo de su derecho natural a rebatir las leyes y a impugnar las decisiones parlamentarias que, según podemos apreciar en el escenario común más cercano, favorece a los más ricos y empuja deliberadamente a los más pobres a hundirse cada vez más en las cloacas sociales que crecen y se multiplican a diario.


"Al igual que en otros momentos de la historia, vemos hoy un continente europeo sumido en la perplejidad.  Mientras las mayorías miran con nostalgia el pasado perdido, unas poderosas minorías, sin otro criterio que su propia supervivencia, demuestran que el enriquecimiento es su bandera y la impunidad su horizonte.  Nunca en Europa ha habido tanta gente descontenta con la pérdida de derechos y, al tiempo, menos perspectivas de poder canalizar esa indignación a través de alguna opción electoral que emocione y que, al tiempo, demuestre capacidad de representación de las mayorías golpeadas y capacidad de gestión eficiente y comprometida que haga reales las mejores opciones posibles.  Resulta para muchos intolerable que en la mayor crisis del sistema desde el crack de 1929, las fuerzas que se dicen progresistas muestren su mayor debilidad, condenando a las mayorías de nuestros países a una suerte de melancolía que conduce a la resignación y a la depresión política.  Pero hemos pasado por peores momentos y hemos sido capaces de sobreponernos a las dificultades. ¿Por qué debiera ser ahora diferente?"


Unas palabras, extraídas de las páginas de su Manifiesto, todas bien cargadas con detonantes lingüísticos y expresivos casi, diría, arrancados de las conversaciones sociales que hoy todos practicamos ante la desolación e indignación que sentimos frente a una situación socio-política y económica que aclama el cambio de una forma ya imperativa por la mera necesidad de supervivencia. 

Volveremos a leer y escuchar pronto sus frases en los medios..

Esperemos
, no obstante, que sus discursos maduren suficientemente hacia el sentido político que requiere un candidato que pretende la sublevación del voto electoral mayoritario contra el bipartidismo, el voto masivo de una sociedad profundamente sumida en la incertidumbre surgida de la desinformación e intoxicación ideológica que se ha llevado a cabo desde los medios gobernantes, para condenar a toda una comunidad, con una flagrante e incuestionable ventaja, a la más estricta estupidez colectiva posible desde tiempos ya casi inmemoriales. 

Mucho me temo que necesitaremos algo más que una semi-descafeinada ideología comunista, con todas sus connotaciones negativas incluidas, para levantarle el negocio a los poderosos e impasibles usureros insensibilizados ante la descarada depresión social que les mantiene constantemente creciendo de una forma más que consolidada.  Toda negociación para desarrollar el intelecto colectivo demanda un idioma llano y conciso pero apunta hacia un rigor de capacidades intelectuales de las que el avispado pretendiente, por el momento, carece, o no manifiesta. 


Estimado Sr. Pablo Iglesias, soy todo oídos para su discurso..
Gracias por salir ahí fuera.







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