recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

viernes, 10 de enero de 2014

Apocalipsis prorrogado por vacaciones del personal






.. Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.


Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.

Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.

Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.

Porque nuestra mente está programada por el Sistema.

Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

¿Tú lo vas a hacer?


enlace al texto completo


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Destruir la base de un sistema que goza de la comodidad adquirida mediante un ligero esfuerzo inicial ajeno y otro, posterior propio, es tan sencillo como chupar un dulce caramelo o encender la televisión, en eso estamos de acuerdo.

Aunque todos aquellos que osan conducir la aplastante dinámica contemporánea social, ni son tan inteligentes como imaginamos, ni están confabulados para destruir nuestro planeta racional.  La sociedad no se ha vuelto ni estúpida, ni apática, ni irracional, sino todo lo contrario, pues nuestra evolución continúa sin diezmar en el escaso individuo laxo de conocimiento, aquel que se mantiene apático ante la cocina del saber intelectual.

Hoy el sentido común se rige más centralizado, al paso de cada jornada, siempre entorno al concepto de la coherencia que abriga nuestra longevidad, como el único fundamento de vida.  Esa misma idea es la que nos mueve, eventualmente, hacia la protesta sobre el perturbante abuso que sentimos en la actualidad.  Quizá podamos observar desde los medios que solamente necesitamos un simple detonante para atolondrarnos, junto con nuestras amistades, en manifestaciones callejeras en las que aireamos los abusos de  otros, festejando en la comparsa ante las cámaras de la televisión mundial, pero el concepto evoluciona silenciosamente y aprendemos a cada minuto y con cada publicación de la verdad.  

Eso es, precisamente, lo que nos funciona por el momento ante tanta absurda realidad gubernamental; es el grito de socorro que se prolonga a través de los desolados montes de la inteligencia racional, aquella que yace aletargada inmersa en los bosques que no vemos por tener arboles al frente de nuestra corrompida imaginación.  Degenerada, quizás, por la voluntad en no perdernos ninguna de las innovaciones tecnológicas que nos trae el futuro como son los móviles, el twitter o cualquier aparato de juegos a los que hoy nos podamos enganchar.  

Buscar el culpable en la propia apatía humana es hoy un tanto insulso, así como vociferar artículos como este para un buen puñado de lectores en este oscuro espacio virtual (a los que mando un grato saludo, con toda mi humildad);  pero si debemos determinar un causante del problema en la corrupción sobre la ética humana para poder identificar la solución, busquemos en el campo de la comparativa histórica y no en el complejo e infinito mundo de lo irracional.  Como puede ser apreciado naturalmente, sólo la analítica fundamenta las soluciones del futuro.

A pesar de todo lo que vivimos diariamente dentro de este marco de la corrupción viva, seguimos depositando nuestro dinero en los mismos bancos que nos roban, seguimos comprando nuestros pervertidos alimentos en grandes superficies y seguimos votando a los mismos insensatos de siempre para que operen a los mandos del avión que nos traslada de un lugar a otro en el planeta de la ubicuidad, convencidos de en que cualquier día soleado todo cambiará, incluido el deshonroso nivel de ambición con el que a todos nos conquistan durante el periodo de nuestro aprendizaje para preparar nuestra entrada individualizada dentro de la sociedad.  A pesar de todo nadie me obliga a encender el televisor, ni comprarme un móvil, ni ir a comprar mi alimento al Mercadona, ni siquiera a votar al bipartidismo más "popular".

Recordemos que la naturaleza es sabia y dentro de ella encaja, sin duda alguna, nuestra capacidad cerebral.  Imaginemos que estamos dentro de un proceso de mejora de la especie y que pronto vendrá el nuevo superhombre que respetará sin condiciones a la naturaleza muy por encima de su agonizante codicia individual.
  
Mantener la esperanza en la esperanza, válgame la redundancia, es la razón de vida de los contemporáneos insensatos informados de la sociedad, los que sin dar solución al tema, especulan únicamente observando las piedras del camino en lugar de calzarse unas buenas botas y, simplemente, echar a andar.  

"Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción" Samuel Johnson (1709-1784).

Ánimo, colega, pronto este compendio de irrazonables verán caer sus imperios y triunfará la coherencia y la humildad.  No hacen falta más heroicidades o conflictos bélicos colectivos para solucionar un simple concepto psicológico que sólo afecta a un puñado de magnates que pronto desaparecerán.


Saludos y un buen 2014, el año en el que empezamos a verle los dientes al lobo..  Como dice uno de tus lectores anónimos: "sí hay salvación, desprográmate"..




Flederhaus, Viena