recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

domingo, 29 de julio de 2012

ESPAÑA CAÑÍ con la práctica de la apnea..

    
Carme Blesa, a la izquierda, vive con su padre Mariano Blesa Julvé, su madre, Dolores Fernández Mora, y con uno de sus dos hijos adultos.  Los ingresos del hogar son tan solo la pensión de jubilado.


Un artículo realizado por  Suzanne Daley  y la contribución de Rachel Chandler para el NY Times, publicado el 28 de julio 2012.



ZARAGOZA, España — Dolores Fernández Mora, 76, y su marido, Mariano Blesa Julvé, 75, una vez pensaron que acabarían sus días en una comodidad relativa, su casa pagada y una sólida pensión de unos $1,645 al mes. Quizás viajarían un poco.  Por el contrario, están a cargo de su hija desempleada de 48 años y sus dos hijos adultos desempleados que viven ahora con ellos en un pequeño piso de dos habitaciones en el norte de España.  También se hacen cargo de las deudas de su hija.  A veces cuesta encontrar dinero para la comida.

"Mientras ella no trabaje, no tengo dentadura nueva, es lo que hay", dice la Sra. Fernández, quien, sentada en su sala de estar recientemente, mostraba los vacíos dentales en su sonrisa.

A medida que los efectos de la crisis se acumulan aquí, cada vez más familias españolas -con los cheques de las ayudas por desempleo terminándose y paralizados por las hipotecas que no pueden pagar- se están apoyando de forma consistente en  sus ancianos familiares.  Entonces visualizan un ligero alivio.

 La última ronda de medidas de austeridad en España parece que ha hecho poco para restaurar la confianza de los inversores.  Incluso los nuevos índices de desempleo publicados el pasado viernes nos muestran que la cifra de desempleados ha subido a un 25%.

Las pensiones para los ancianos son de los pocos beneficios que no han sido recortados, aunque si han sido congelados desde el pasado año.  Los españoles son conocidos por sus sólidas relaciones familiares y muchos abuelos son propensos a ayudar, evitando reconocer a los demás lo que está sucediendo, dicen los expertos.  Pero aquellos que trabajan con gente anciana afirman que no ha sido fácil.

Muchos ahora luchan por alimentar a tres generaciones en sus casas superpobladas, generando a menudo tensiones derivadas de la situación que convireten sus vidas en miserables.

En algunos casos, las familias sacan a sus abuelos de los asilos para así obtener sus pensiones.  Es una costumbre que mantiene preocupados a los abogados por si las jóvenes familias están yendo demasiado lejos, aunque los abuelos estén de acuerdo en su traslado o por si están demasiado enfermos para darse cuenta.

"La crisis en España está afectando a los ancianos ede una forma muy especial" dijo el Rev. Ángel García, quien está a cargo de un grupo sin ánimo de lucro que ayuda a niños y ancianos.  "Muchos abuelos quieren dar lo que tienen y lo hacen.  Aunque, desafortunadamente, lo que está ocurriendo es que la generación joven se está aprovechando de la vieja.  Les están tomando todo lo que tienen".

En un estudio conducido por Simple Lógica (socia de Gallup en España) de este año, se ha establecido un aumento de gente anciana dando apoyo a los miembros de su familia.  En un estudio telefónico llevado a cabo en febrero del 2010, el 15% de los adultos por encima de los 65 años dijeron que apoyaban económicamente por lo menos a un miembro más joven de la familia.  En el estudio realizado en febrero del 2012, esa cifra ha aumentado al 40%.  Datos compilados por una agencia de asilos privados, inforesidencias.com, nos muestran que en 2l 2009, el 76% de sus residencias tenían vacantes, el año pasado sólo el 98%.

Estas cifras, según los expertos, reflejan un aumento en la desesperación en España, la que alberga el máximo nivel de desempleo en la eurozona.  Según cifras del gobierno, 1 de cada 10 casas contiene todos sus adultos en paro.  Algunos expertos creen que la gente jubilada, compartiendo sus pensiones y rascando en sus ahorros, han sido los héroes de la crisis económica, sin ellos España estaría inmersa en un peor malestar social.  En muchos casos éstos se encuentran entre sus niños de mediana edad y la gente sin hogar.

"¿Porqué no hay más gente en la calle protestando, demandando comida?"  decía Gustavo García, director de la Casa Amparo, una residencia en Zaragoza.  "La respuesta está en los ancianos".

Ciertamente ese fue el caso de Petri Oliver, 53,y su marido, Pedro Grande, 53, quienes pudieron sobrevivir hasta hoy, ellos dicen, sólo gracias a cuidar de la madre de la Sra. Oliver de 80 años, en lugar de ingresarla en una residencia.  La madre de la Sra. Oliver, tiene alzéimer y tuvo tres ataques al corazón el pasado año dejándola en un estado vegetativo.

Mientras la madre de la Sra. Oliver estaba viva, reposaba en una cama de hospital en su ahogante sala de estar y rodeada de parafernalia médica, incluyendo su alimentación líquida.  El padre de la Sra. Oliver obtuvo 300€ del estado en concepto de ayuda para su mujer, dinero que traspasó a su hija.  "Si ella se va a una residencia, nosotros no comemos", dijo la Sra. Oliver a principios de este mes.  Pero una semana más tarde la madre murió.

Hasta hace dos años, el marido de la Sra. Olive trabajaba en la construcción, a pesar de un accidente laboral que le dejó ciego de un ojo.  En estos días los ingresos de esta pareja son de alrededor 1200$ al mes en ayudas por minusvalía, pero su hipoteca es de cerca de 1000$.  Ellos no pueden permitirse visitar a su hija, quien vive a dos horas de Barcelona, porque no pueden pagar la gasolina.  La hija ha sido cesada de su empleo también.

"No sabemos lo que vamos a hacer ahora", dice la Sra. Olive.

En los suburbios de Barcelona, Mari Ángeles Ramiro Trenado fue bajando su sueldo hasta sólo 120€ al mes y mantenía un alquiler de 500€ cuando ella y su hermano decidieron sacar a su madre de la residencia este año.  Una tarde, recientemente, la Sra. Ramiro quien tiene un hijo adulto discapacitado en casa, afirmó que cuidar de su madre la había dejado exhausta y deprimida.
Pero a pesar de sus esfuerzos, su madre, quien está muy frágil y sufre de lapsos mentales, demandó que la devolvieran a la residencia.  La Sra. Ramiro, que trabaja como limpiadora en un banco de Ripollet a tiempo parcial, dijo que ella y su hermano iban a cumplir, a pesar que su madre iba a llevarse su pensión de 600€.

"Yo quiero que se quede", dice ella. "Tengo que admitir que me ayudaría mucho".

Los expertos aseguran que los ancianos en España no solo están apoyando con los aspectos financieros de la crisis sinó que también están observando el colapso de la vida de sus hijos.  Antonio Martín dijo que había perdido la visión de un ojo después de que su hija, Antonia y su bebé se mudaron a su casa y empezó a desarrollar severos problemas de presión sanguínea.  Él asegura que está encantado de ayudar a Antonia, quien perdió su empleo cuando la empresa de construcción en la que trabajaba quebró.  "Yo le dije, 'vente, vente'.  Es una reacción normal".  Pero lo que realmente le molestó fue darse cuneta de lo que ella había perdido: "ella tenía un empleo y una casa y ahora no tiene nada", él dijo, "y eso es lo más duro".

Pocos de los que se apoyan en sus ancianos familiares viven en harmonía.  En edades medias se pueden encontrar de vuelta en roles que abandonaron décadas atrás.  La Sra. Martín vive en la habitación minúscula donde creció, sus pertenencias apiladas hasta el techo.  La cuna de su hija en la habitación de sus padres porque no hay más espacio.  Tiene que pedir dinero para comida y para ropa para su hija.

"En ocasiones me regañan como si tuviera 12 años", ella dice con una sonrisa, "pero por lo menos yo tengo a mis padres.  Hay gente que no tiene ni eso".

Por un tiempo, la Sra. Fernández y su marido intentaron invertir en el negocio de masaje y aromaterapia de su hija.  Pero el negocio se vino abajo.  Hoy en día, ellos pagan la hipoteca del piso de su hija -alrededor de 200€ al mes- aunque no lo utilicen porque así ahorran electricidad y agua.  Para pagar esto, han tenido que cancelar los seguros de incendio y robo de su propia vivienda y bastantes otros pequeños gastos.  La Sra. Fernandez ya no va al peluquero, piensa que sus nietos lo van a necesitar más que ella.  "Yo ya estoy bastante guapa, detodas formas", bromeó.

Aunque la fortaleza se desintegra de vez en cuando.  Ella se preocupa especialmente cuando piensa en qué va a ocurrir si su marido fallece antes que ella, reduciendo la pensión familiar en un tercio.

"¿Qué será de nosotros, entonces?", ella se pregunta con lágrimas en sus ojos.


traducción: el autor del blog

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Sin duda un trabajo de investigación solemne, teniendo en cuenta la procedencia de estas señoras extranjeras (USA y Reino Unido) y su publicación en un reputado medio periodístico norteamericano.

Sin embargo, no hace falta salir de nuestras fronteras para advertir que la situación del panorama social español está en la más absoluta asfixia.  De todos modos parece que si nos lo advierten desde los EEUU apreciamos el transcendente hecho con la atención que requiere.  Lo que no advertimos en el escrito, ni en la reflexión post-lectura, es que las bombonas de oxígeno han dejado de fabricarse para los españoles.  Y las máscaras también.

La solidez del carácter hispánico, el de los españoles, no el hispano que vemos en las películas y lleva una mezcla polinacional de disparatada identidad, está transgrediendo los límites de la identidad más legítima.  Se está rasgando la solidez de nuestro orgullo nacional mediante la afilada espada de la cultura de las finanzas.  

Estamos viviendo un período de transición social el cual, en unas pocas décadas, será marcado como un valorable punto de inflexión en el carácter de la nación española.  Esperemos que sea uno de descenso-ascensión para que, en el sentido ascendente visto desde la curva de la concavidad, la identidad evolucione en la personalidad que merece una sociedad culta, educada, respetuosa e inmersa totalmente en los valores éticos y sostenibles que estructurarán el bien hacer y, por tanto, se establecerá el bien común que, por ejemplo, otorgan a su sociedad nuestros vecinos de más al norte.

Cierto es que nuestra nación ha sufrido golpes que han desconsolidado la posibilidad de ejercitar las reglas evolutivas relacionadas con el ejercicio del bien común en la sociedad.  Los dos siglos que nos preceden en la historia han mantenido significativas alteraciones en las pautas de vida que no han permitido el establecimiento de los valores necesarios para un consenso en equilibrio con los acuerdos o relaciones interpersonales.  Los españoles en general hemos "sobrevivido" más que "vivido" hasta la fecha.  El concepto de "espavilarse" está todavía a la orden del día en esta sociedad como una acción de connotaciones positivas más que de connotaciones negativas.  Todavía estamos aprendiendo a ser mayores dentro de la etapa de la pubertad.

Pero ahora viene el cambio.  La edad adulta se alcanza cuando la magia de la infancia se disuelve en la brisa que genera el transcurso del tiempo.  No referimos el fraudulento e hipócrita "cambio" de Don Felipe, sinó el "cambio" que arrastra esta forzada crisis para desarrollar el perdido carácter hispánico del orgullo nacional.  Así, este tifón llamado crisis, devolverá forzosamente la autoconfianza a nuestra sociedad que se encuentra, actualmente, en vías de autodestrucción en sus niveles mínimos de respeto al individuo, sea familiar o no.  Tal y como bien nos relata Suzanne Daley.

Aprenderemos con la práctica, el arte de la apnea.  Más nos vale..
Cojan aire señores.