recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

jueves, 19 de julio de 2012

MANIFIÉSTATE, un derecho a la reprobación y algo más..



¿Sirven para algo las manifestaciones?

Sirven para estar vivos, para demostrarnos que no somos cadáveres. Porque vivir es protestar. Sirven para que el poder sepa fehacientemente que no estamos de acuerdo con su forma de gobernar, sirven para no cantarle el alirón que tanto les gusta, sirven para irritarles, sirven para que no nos gaseen. 

Sirven contra las agresiones directas sin haberlas merecido, sirven para gritar que no se puede machacar más y siempre a los mismos, sirven para que las rentas altas progubernamentales al menos se asusten. Sirven para ser congruentes con la dignidad. Sirven para demostrar que una urna no es una meta, sirven para demostrar que si queremos somos soberanos. Sirven para despojarnos del miedo, de la angustia y de los prejuicios. Sirven para demostrar que no nos resignamos. Sirven para que nuestros hijos no se avergüencen de nosotros. Sirven para demostrar que son verdugos. Para comprobar que aún somos ciudadanos y no borregos. Sirven para mantener la esperanza, aunque los resultados no sean inmediatos. Sirven para cristalizar el viejo dicho de que la unión hace la fuerza. 

Sirven para razonar y hacer razonar. Sirven para que la violencia no se desate. Sirven para avergonzarles, para decirles que están prostituidos en su acción política.

Porque una manifestación no es más que una declaración de intenciones, una exigencia de que no nos hinchen más los cojones. Sirven para sentirnos menos impuros. Para demostrarnos que no estamos locos, ni creemos en supercherías ni miserables fanatismos y adhesiones. Sirven para ser críticos. 

Sirven para hacer saber que somos los nuevos ricos de la democracia. Para demostrar que somos más civilizados que ellos. Sirven para odiar, sí, odiar, a los corruptos de la solidaridad y el latrocinio. 

Sirven para reflejar que queremos ser gandhis pero podemos ser cheguevaras y aun robespierres, sirven para no ser castillos inexpugnables ni caracoles enrocados, para dejar claro que no somos lobos si no nos obligan, sirven para demostrar que somos más y más que podemos ser.  Sirven para ser decentes. Sirven para hacer posible lo imposible. Sirven para hacer realidad la utopía.

Por eso y para eso, hay que acudir a las manifestaciones del jueves 19 en toda España.

¿O alguno de ustedes cree que no sirven para nada?



----------------------------------------------------------------

Gracias Ale.


Un escrito del ilustre Arturo González cargado de poesía y color, una pena que tenga un fondo con ecos dirigidos a los delincuentes, a los maleantes que no tienen conciencia, los que carecen de humanidad y se pertrechan en el trono..

Las manifestaciones le sirven a uno para sentirse parte de algo, para alimentar y compartir la sensación colectiva por algún hecho concreto, para demostrarse uniendo voces que la fuerza de una idea necesaria es posible y así, finalmente, pueda ser escuchada por un receptor y éste reaccione.  

No obstante hay un siguiente paso, el final, el que raras veces acontece.  El que concluye este proceso global energizando la detonación sobre los hilos conductores que producen la explosión de la revuelta.  Pero entonces se rompería la poética y se iniciaría un conflicto, el que no queremos porque somos coherentes.  Somos gentes de bien común que pensamos en los derechos y en no crear combates.
 

Estimado amigo González, sin final, no hay principios.


Todo el que combate una cualidad positiva es un impotente.
Querer lo inverosímil es ennoblecerse.
Querer lo vulgar es un envilecimiento premeditado.
Amar lo vulgar es sumergirse en la oscuridad de la nada.
Amar lo inverosímil es avanzar de cara hacia el sol.
El joven que se inclina hacia lo vulgar, nace viejo.
El viejo que se inclina hacia lo inverosímil, es joven.
Lo inverosímil es el sueño.
Lo vulgar es el ronquido.
La humanidad ronca,
pero el artista está en la obligación de hacer la señal, o no es artista.


[lo imposible sólo tarda un poco más]
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952)