recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

jueves, 5 de marzo de 2015

Editemos los LAMENTOS de una existencia disoluta






"Me he propuesto aguantar 24 horas sin quejarme en voz alta. Empecé ayer por la noche y, hasta ahora, me he quejado más de 10 veces teniendo que poner el contador a cero. En el momento que lo escribo llevo 35 minutos y 27 segundos sin quejarme. Quiero saber cuánto tiempo tardaré en estar 24 horas."..


Gràcies, Anna


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Uno de los resultados más palpables de practicar el sano deporte de la curiosidad, es la singularidad de toparse con conceptos ajenos a nuestra propia realidad individual.

Lejos de intentar establecer un juicio sobre las prácticas actuales que disuelven el ahogo convulsivo de nuestra sociedad, uno pretende estimularse eficazmente ante el potencial resultado de una práctica eficiente y verdadera, especialmente ante un panorama que sufre a diario el bombardeo continuado de la sinrazón más absurda y elemental.

Si el esfuerzo colectivo estuviese colmado del espíritu que conlleva esta forma de discurso psico-social, quizá sería cierto que el organismo colectivo desarrollaría una evolución firme y provechosa, la que nos garantizaría una supervivencia más amena entre comunidades más sostenibles durante el período circunscrito dentro de nuestra escala vital.  De esta manera, todos los integrantes del grupo compartirían gratuita y mutuamente el sentido de la simpatía recíproca y prodigarían la implantación de la noción de la idolatrada felicidad; además, el consenso colectivo desviaría terminantemente todo el mal de la auténtica y más pura verdad.

Confinar así, forzosamente un concepto tan elemental, va a producir, sin duda, una pequeña herida emocional, una regresión hacia el pasado indiscutible e inequívocamente condicional.  Sin embargo sabemos de sobras que si escarbamos en las tierras del ayer particular, podemos observar que la naturaleza de nuestra mente borra, a través de procesos de la mecánica bioquímica y eléctrica, los datos referentes a malas experiencias que puedan dañar los recuerdos de un pasado risueño, placentero y positivamente emocional.

La naturaleza es sabia, nos permite evolucionar adaptando todas las biologías a una coherencia con sus entornos de una manera sabia y singular.  Quien sabe, quizá sea esta una buena forma de empezar a motivar el cambio que debemos ejercitar, pues cuando uno exhala el buen positivismo resulta excepcionalmente contagioso para todos los demás.

No hemos venido aquí a sufrir, sino probablemente a reproducir unos patrones a través de la reiteración existencial con los que consigamos sintetizar al ser humano perfectamente completo y adecuadamente racional.