recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 26 de noviembre de 2013

DISFUNCIONES coherentes y sueños de ingenuidad

"La Grande Bouffe" (1973), Marco Ferreri


Juan Antonio Molina:

.. El individuo deja de ser una posibilidad, siguiendo conceptualmente a Sartre, compelido por un poder detentado nominalmente en su nombre pero en el fondo patrimonio de las élites económicas, políticas y sociales; para convertirse en un eyectado de sí mediante el marketing, la propaganda y el extrañamiento del propósito moral de la política.

El régimen de poder heredado del franquismo avanza implacablemente, reforzado en su ideología autoritaria por los sesgos posmodernos y neoliberales, hacia la comodidad retardataria de un sistema donde el déficit democrático no es una disfunción sino una característica. El saqueo económico y moral inflingido a las clases populares por las élites plutocráticas y sus adláteres conservadores exige, además, restringir el juego político y trasladar las decisiones a manos privadas exentas del escrutinio ciudadano reduciendo el Estado a guardián de los intereses de las minorías organizadas. Como señala Sánchez Ferlosio, no son en realidad antiestatalistas sino hostiles a la sociabilidad. 

Por ello, el brutal trasvase de las rentas del trabajo a las rentas del capital -tener un empleo ya no garantiza poder llevar una vida digna- el empobrecimiento y la exclusión de amplios sectores de la ciudadanía, tiene como corolario la constricción de los instrumentos de autodefensa de las mayorías sociales, laminando derechos como el de huelga, de manifestación y de expresión con las nuevas leyes que prepara la derecha para convertir derechos y libertades cívicas en delitos. Es la deriva autoritaria de un sistema donde la democracia ha sido, y es, un equívoco. El pacto de la Transición no trajo la democracia, que es un régimen de poder, sino las libertades públicas, que son derechos individuales, por cuanto el régimen de poder no cambió sino que se adaptó a un nuevo escenario y si el poder no cambia de signo, las libertades siempre son una ficción en precario. 



En este contexto, la fuerza mayoritaria de la izquierda, el partido socialista, se debate en los vértigos de una pérdida de posición y función en la sociedad metastizada en una crisis poliédrica: ideológica, programática y organizativa. Su obsesión por ser una alternancia como ente de gestión le impide la capacidad para convertirse en una auténtica alternativa a un sistema cada vez más cerrado. La falta de un modelo diferenciador, y no una mera corrección, a los planteamientos conservadores y la fe irreverente, desde un plano ideológico, en el marketing político indiferenciado, producen un discurso ambiguo y sin garra, rehuyendo las cuestiones principales, con abuso de frases hechas, lugares comunes, clichés y eslóganes, que no impide la desafección de la sociología que le es propia.

No será fácil para el socialismo recuperar la credibilidad de las mayorías sociales sin avalorar los principios ideológicos que propicien propuestas capaces de transformar una realidad que resulta tan injusta.



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Un texto que resume de una forma implacable, aunque certera, el devenir de nuestros tiempos gobernados por una compleja imbecilidad.

Amalgamados en un contexto de control propiciado por el compendio estructurado del fondo monetario internacional, el banco mundial, la otan, la comunidad europea y el fascismo encubierto de los dominantes en la post-guerra civil española, caemos, irremediablemente, hacia el incierto mundo de la irresponsabilidad global, donde las cosas no se determinan hasta que el fondo de su significado mantiene una progresión íntegramente materialista, encaminada hacia la visión del propio individuo aposentado sobre la absurda piedra filosofal.

El mundo natural que permite nuestra vida aclama desesperadamente cierta coherencia.  El futuro del planeta nos demanda que desarrollemos algo más profundo y sensato nuestro sentido común.  A pesar de eso, la especie humana evoluciona, dentro del marco de la inverosimilitud más inconveniente, cargando a todas nuestras sociedades de un sentido sobre-impuesto de irresponsabilidad, ese que conduce al individuo colectivo hacia un fatal destino del que se desconoce alguna forma de reencarnación social.

Del mismo modo nuestra vida se conduce colectivamente forzada por un igual a lo largo de un sendero del que sólo se aparta el que toma parte en la concienciación social, los despreocupados deambulan como ternascos hacia el desolladero que les convertirá en el incompleto alimento de los astutos gigantes ansiosos de más y más capital.  Como el camino evolutivo que hemos seguido hasta ahora, colmado de esperanza en la plenitud, la comodidad, la seguridad personal, familiar y social, nuestro progreso se dirige sin un sentido conocido ni ostensible, hacia una incongruente fatalidad: el limbo más categórico y singular de los que una pseudo-instruida mente pueda llegar a imaginar.

Entendemos los conceptos, mas no los podemos derrocar, nuestra efervescencia es descontrolada y por ello, sin querer siquiera darnos cuenta, vamos directamente a naufragar.  Quizá sea debido al carácter de gregariedad del que dispone el ser humano; quizá sea debido a nuestra creciente discapacidad en tomar decisiones personales o generar iniciativas encaminadas hacia el campo de la bondad.., aquello de que "..más vale perderse en compañía que reventar en soledad.."..





El listillo que tenga respuesta alguna, demasiado tiempo se está tomando para reaccionar..



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