recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 25 de septiembre de 2012

FALSEDAD EN EL NEW YORK TIMES: Suzanne y Rachel de nuevo..




Suzanne Daley y Rachel Chaundler (único enlace encontrado en relación con algo descriptivo de su vida) atacan de nuevo haciendo vasta exageración con el concepto de la pobreza en España..

En un artículo del New York Times digital de ayer, día 24/09, manifiestan que nuestro país se encuentra en una situación límite dando una visión tormentosa y desesperada a nivel generalizado de sus habitantes.  Afirmando que:

.. Estas tácticas de supervivencia son cada vez más comunes aquí (referidas a personas forzadas a hurgar en los contenedores de basura para obtener alimentos), con una tasa de desempleo superior al 50 por ciento entre los jóvenes y las familias que tienen más y más adultos sin empleo.  Tan penetrante es el problema de recolección de residuos que una ciudad española ha recurrido a la instalación de cerraduras en los contenedores de basura de supermercados como medida de precaución para la salud pública...



En España: Austeridad y Hambre (en mayúsculas).


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Cierto es que la situación en nuestro territorio es muy difícil y grave para muchas familias españolas, como las que se presentan en su artículo, cada vez más numerosas y desesperadas. Pero otra cosa es lo que estas dos damas de la información están retratando como un panorama social en clara hecatombe y  devastación absoluta.  Si viajaramos a los EEUU, probablemente, podriamos evaluar de una forma muy similar en otro artículo sensacionalista y rebuscado como este, la situación de la pobreza allí.  Nos quedaría también muy creíble, no cabe duda, pero sería también incierto si la idea que comunicara fuera la de estas dos señoras divulgadoras.

Por ello, estimadas Suzanne y Rachel, permitidme tutearos ya que sois redundantes en este blog, en nuestra primera referencia se os trató con rigor y respeto pues vuestra capacidad comunicadora es excelente.  Ahora, no obstante, os pedimos públicamente que penséis largo y tendido bien antes de esparcir historias singulares emulando conceptos plurales, o lo que es lo mismo generalizar una situación en un territorio que intenta subsistir a pesar de recibir lapidarios y constantes recortes.  

La realidad en España NO es la que se insinua en esta publicación.  Junto con sus textos, el carácter de sus imágenes bien señala un panorama totalmente cargado del factor negativo.  Quizás lleguemos a eso  en el futuro, luchamos en su contra pero todo se andará, no obstante todavía no estamos tan mal pues intentamos dignamente resistir las embestidas del poder de los gobernantes europeos, para intentar paliar esta absurda, forzada y mal nombrada crisis.  Estos hechos que divulgan tan desgraciados tan sólo se manifiestan en programas de TV y en publicaciones sensacionalistas para buscar el escándalo y aturdir, aun más, nuestro espíritu de lucha contra un poder absolutista y dictatorial. 

Por favor no utilicéis el engaño y la exageración para describir algo que sólo representa para vosotras buen dinero caliente en el bolsillo, algo que debería estar en contra de los principios de cualquier periodista.  Siento tener que afirmar que no hemos desarrollado esfuerzo alguno en comprobar si sois o no periodistas, habéis deshecho cualquier motivo para la apreciación de vuestro trabajo con este segundo atentado.  El caso es que trabajáis para el New York Times, publicación que tiene una tirada muy numerosa y que para miles de españoles que residen en el extranjero significa que están interpretando la situación actual del país a un nivel distinto del que verdaderamente se encuentra.  No cabe ni mencionar el hecho del concepto del qué significará para un potencial inversor forastero en España, quien después de haber leído su inexacto, desmesurado, desleal, adulterado, incorrecto, exagerado y ficticio artículo, se lo piense dos veces antes de poner su negocio en nuestro apasionante y bullicioso territorio cañí.

Comer, comemos todos, pero vivir de la mentira o de la exageración constituye un error fundamentado en la más baja y rastrera de las posibles chabacanerías, especialmente si las palabras  de uno tienen un alcance demasiado lejano como el que tienen las suyas.

Así pues, en el futuro, os pedimos más respeto a nosotros y a vosotras mismas como personas y profesionales, a la vez que menos sensacionalismo y más sentido común, algo en evidente carencia en un mundo absurdo gobernado por la avaricia..