recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

miércoles, 12 de septiembre de 2012

MENU DE ENTRANTES: ¿pensaremos más o no hace falta?

 

Indignación..

Es el concepto que llevamos todos en la mente más superficial, la que más utilizamos.  Ayer ibas a comprar y ahora te lo vas a pensar.  ¿Qué ha cambiado?  Pues mucho me temo que demasiado.  Somos una nación desnacionalizada e indignada por ser idiotas.

Los últimos veinte años han propiciado, mediante múltiples factores generados por el falso desarrollo socio-económico, una mejora que el individuo de apié, aparentemente, no merecía.  Describimos ese desmerecimiento como la berborrea que otorgó a los integrantes de lo que anteriormente constituía una baja capa social, la trabajadora, una vida plena, solidificada en recursos y regalada de excesos sofisticados y realmente innecesarios.  Una capa de la sociedad que a través de su sudor había conquistado un nivel de vida antes reservado a los graduados en estudios superiores o a los descendientes de la flor y nata.  Aquellos quienes en vez de sudor y esfuerzo, cobran por sus sinapsis.

La política es la causante y culpable de todo, eso se respira ahí fuera.  Ahora la concebimos como un tumor de la sociedad.  Mucho se habla del desprendimiento del vulgo de la política, aunque los sondeos dictaminan que unas nuevas elecciones supondrían un mismo resultado al que existe en la actualidad, décimas arriba o abajo, igualmente gobernarían los mismos ladrones de los partidos mayoritariosLo son por tener más dinero, nada más.  Ganan las elecciones por la infraestructura del partido, la influencia y su pesadez.

Estamos sin duda ante un tiempo de dificultad en directrices de vida. Los expertos en sociología, economía y, sobretodo, en derecho y política internacional, están haciendo su agosto con la erróneamente sobrenombrada crisis económica.  El pensamiento racional individualizado ha sido congelado para desarrollar un futuro más sencillo, aquel en el que el individuo exista pero no genere cambios transcendentales en la forma de estructurar la vida de los demás.  Vamos de vuelta al punto de partida por razones de cierta relación con la demencia.  ¿Estaremos locos?  Basta con intentar argumentar el más vago propósito del cartel del bar de esa esquina con la intención de ajusticiar a la clase que nos oprime de una forma contundente y controlada, a modo de devolverle la pelota mediante la advertencia en abierto.  Algo de locura sí corre por las calles.

Ahora las palabras del individuo fundamentan el significado de la inconsistencia, aquella que derivará en la libertad individual con cargos personales. Cual convicto de un crimen, vagaremos todos por el espacio compartido a modo de víctimas de un sistema que se regulariza para no sucumbir, como perpetradores del mal ajeno.  Aquel que simplifica y aniquila el sentido de sociedad para desintoxicarla de las infinitas y desconcertantes ideologías políticas y sociales, las que tan solo generan más aturdimiento y confusión generalizada.  El bobo vuelve a la calle.

El método de vida banal, que se está gestando y completará en el futuro inmediato (si no ha sido completado ya), consolidará el consenso mental y espiritual más absurdo del ser humano.  La relevancia del devenir, la evolución y el cambio a mejor constituirá un elemento a discernir sólo en determinados sofás del pensamiento, los menos numerosos, los que ocupan los áticos de la sombra.  Los del rellano, cada vez más visibles y numerosos, por aquello de la Long Tail Theory relacionado con la captación de impuestos, vivirán sus escasas experiencias de regocijo con determinación pero sin albergar ni la innovación en actividades futuras ni la diversificación de las propias alternativas

¿Dónde nos vamos a agarrar para no caernos de bruces cuando nos tambaleémos en esta penosa existencia forzada al aislamiento y la segregación?  Sencillamente, sujetaremos nuestro equilibrio a nuestra propia y sólida ignorancia, la que aumenta sin dilación en los tiempos que corren.  El ignorante es y será siempre feliz, dentro de sus obvias limitaciones, claro está.  Cada vez estamos más cerca de George Orwell..

El interesante blog del economista José Carlos Díez venía hace unos días con esta perla que adjuntamos de Esther Llull y que va relacionada con una fotografía contextualizada del estado de la economía europea actual:

   .. Lo que pasa es que no es lo mismo un modelo exportador que otro, nos hemos creído lo de la ventaja comparativa, y no es lo mismo exportar productos de actividades con rendimientos crecientes que decrecientes, es decir, rendimientos crecientes aquellos donde al añadir más mano de obra se abarata el precio del producto, esto sólo pasa cuando se ha conseguido un nivel de escala y se han asumido los costes fijos, pero también cuando podemos producir en cantidades ilimitadas, esto sólo pasa con la tecnología y con productos producidos por el hombre, no por la naturaleza, que casi siempre tienen un límite productivo, la cosecha en los vinos, el número de jamones, y si añades mano de obra estás todavía incrementando el precio del producto, esa es la cuestión. Entonces yo creo que en verdad a Alemania siempre le ha interesado que nosotros seamos un país gorrón, que nos dediquemos a la economía de consumo, porque ella era quien producía las patentes, esto es lo que significa la ventaja competitiva; y aquí no éramos conscientes en verdad, ni siquiera lo somos ahora, porque los economistas nunca diferencian por actividades, simplemente habla de PIB y nada más, y ni siquiera se hacen dferencias ni curvas he visto sobre esto, y seguimos así en la pobreza. En conclusión, habría que robarles las patentes y copiarlas y producirlas nosotros, eso es la única conclusión a la que he llegado, puesto que ellos actúan con competencia desleal, nosotros también tenemos que actuar, porque el capitalismo es así, es todo menos la competencia perfecta; es siempre buscar la ventaja y la competencia imperfecta, y si no entendemos esto permaneceremos siempre en la pobreza. Tenemos que comprar los coches a los alemanes, claro porque los audis son muy bonitos, y por qué no hacemos nosotros los coches que sean más bonitos, y no esos seats cordobas que son tan vulgares (y no digamos los citroens), desde luego, es que no hay ningún político que vez lo que hay que hacer, hay que poner espías tecnológicos en todas las universidades alemanas y copiarlas, ese es el futuro, la guerra de patentes..


Si "en conclusión" vale todo, bajaré a la armería a ver si me venden una ballesta con flechas de punta plateada, por si acaso.