recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

miércoles, 15 de febrero de 2012

600.000 euros invertidos en cada concurso de arquitectura




...Por cada concurso de arquitectura que se convoca se están presentando no menos de cien propuestas, de las cuales una gran parte pertenecen a estudios de escala media o pequeña. Vamos a suponer que por cada propuesta se ha destinado una media de un mes, con un mínimo de tres personas, durante media jornada, trabajando en el concurso. Recordemos que la media jornada de los estudios de arquitectura no suele ser de 4 horas, sino cuando menos (y seguro que nos quedamos cortos) de 5 horas por persona. Así que, 5 x 5 (nos tememos que los sábados debiéramos contarlos, pero vamos a ser generosos) son 25 horas por persona y semana. Así que, si hacemos la cuenta del mes, nos salen 100 horas por persona, por lo tanto, tenemos un total de 300 horas invertidas por cada oficina.


Si multiplicamos estas horas por cada una de las 100 propuestas presentadas, nos dan la friolera de 30.000 horas dedicadas por unos 300 profesionales. De momento, nos olvidamos de los gastos indirectos (Colegiación, Asemas, Hermandad, alquiler, luz…) que se derivan del hecho de ser arquitecto. Para el tema de material invertido (impresiones, planos, paneles, envíos y demás zarandajas) también haremos la vista gorda pues no es cuestión de cargar las tintas con menudeces. Por lo tanto, habíamos quedado que eran 30.000 horas las invertidas, que multiplicadas por un precio módico, digamos de 20 euros la hora (ya veis que no estamos tirando la casa por la ventana), obtenemos 600.000 euros invertidos en cada concurso de arquitectura. ¡600.000 euros! que regala el colectivo de arquitectos a lo sociedad para que puedan disponer de las mejores ideas y profesionales para llevar a cabo el soñado proyecto cada vez que alguien organiza un concurso...


Un interesante reflexión de FLAV+InfoArquitectura


Muchas gracias por los datos! 


Permitanme, tan sólo, un breve apunteDe historia.  Y mi humilde opinión...



El 29 de enero de 1957 Jørn Utzon,  un relativamente desconocido arquitecto danés de entonces 39 años de edad, fue nombrado ganador del concurso internacional para diseñar la Royal Opera House de Sydney.  Había 233 propuestas de 32 paises distintos.  La entrega debia componerse de dibujos tan acotados como para poder generar detalles e iniciarse las obras en la mayor brevedad posible.


Eero Saarinen, el arquitecto finlandés (quién a los 13 años emigró a USA) y uno de los miembros del jurado llegó tarde a la revisión de los proyectos, momento en el cual algunas de las entradas ya habían sido inspeccionadas y la de Utzon fue una de las propuestas rechazadas


Saarinen, después de revisarlos todos, escogió el esquema de Utzon y lo declaró el ganador.  Los dibujos de Utzon eran muy esquemáticos, pero Saarinen fue capaz de ver el poder de su propuesta y, supuestamente, hizo él mismo una perspectiva adicional para convencer a los miembros del jurado.   
La Ópera de Sydney es hoy un icono internacional y ampliamente considerado como una de las obras maestras de la arquitectura moderna.  Muy a pesar de toda la problemática de diseño y ejecución que planteó en su momento.


¿Con cual de los dos está en deuda Australia?


Añadiré más, citando un texto a propósito de los concursos de hundredhands (Sunitha Kondur y Bijoy Ramachandran), publicado en The Bangalore Mirror Views en agosto del 2009, donde me parece que se explica el concepto con bastante claridad. 
"Los concursos de arquitectura son un cambio refrescante en el tedio de la práctica de la arquitectura cotidiana.  Si son planteados como una oportunidad para impulsar adelante la agenda del despacho a menudo se producen propuestas que cuestionan, modifican y revuelven el marco de la convocatoria del concurso


Sin embargo, muchos concursos también producen propuestas ganadoras que carecen de cualquier ambición real y muestran un claro propósito de eludir riesgos.  Estas propuestas parece que son las opciones cómodas, familiares y de poca amenaza para que un jurado poco interesado pudiera fácilmente digerir.  Es casi como si el acto mismo de generar el concurso fuera suficientemente loable como para que la elección de un digno ganador garantice un asiento en la segunda fila".


Después de haber lanzado este mensaje un tanto materialista de los problemas sistémicos en la celebración de un concurso de arquitectura, todavía siento que esto puede ser la mejor manera de encontrar nuevos talentos y estimular ideas nuevas y audaces.  Para muestra un botón.


Seamos realistas además de atrevernos a intentar ser visionarios.  El arquitecto es un ser que consolida el afán por la mejora y contextualiza sus ideas a menudo utilizando el proceso concursal como plataforma divulgativa, además de propulsar su negocio.  Por ello debe imaginar.
Entiendo, por tanto, que no debe valorar el gasto que ello suponga y así ponga en peligro una práctica que, aunque en la obviedad de nuestros dias de marcado egoísmo y ambición, no se hagan fluir las ideas y mejorar de manera exponencial la calidad de nuestros espacios y, por consiguiente, de nuestras vidas. 


A lo mejor, lo que debemos revisar es el proceso mediante el cual se concluye un proyecto ganador.  Pero eso ya es otro tema...




Saludos