recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

domingo, 17 de marzo de 2013

2014 ACABA LA CRISIS: ¿derrotaremos el concepto?


 


Interesante punto de vista en el artículo escrito por Concha Caballero en El País Andalucía, el 18 de enero del 2013.  Nacida en Baena, Córdoba, 1956, fue la portavoz del grupo de Izquierda Unida en el Parlamento de Andalucía en la legislatura 2004-2008.  Es licenciada en Filología Hispánica y profesora de Literatura en un instituto público.  Abandonó la política decepcionada con su coalición electoral.  En abril de 2009, Rosa Aguilar, recién nombrada consejera de Obras Públicas, le ofreció ser su brazo derecho en esa nueva andadura política.

El día que acabó la crisis
Cuando termine la recesión habremos perdido 30 años de derechos y salarios 

"Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.

Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.

Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.

Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.

Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.

Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.

Por eso, no sólo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sinó cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sinó también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.

De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición".


Gràcies mare.

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Un punto de vista muy realista de la situación que nos envuelve, describiendo los rasgos generales que, sin duda, marcan el paisaje de lo cotidiano dibujando la permanente opresión que se ejerce desde las sillas del poder del territorio.  Desde allí practican el arte mediante toscos brochazos de pintura cargados de energía sobre el lienzo nacional, pero jamás mostrando la inestimable sensibilidad e indispensable dedicación del bien intencionado artista.  Dibujan aquello que les interesa de forma absurda e intolerable.

Cierto es que las condiciones de vida durante los últimos tiempos han consolidado una trayectoria decreciente hacia el estrangulamiento de la calidad de vida en las clases media y baja de la sociedad.  Cierto es, también, que la clase alta trabaja con creciente comodidad y con mas holgura en estos tiempos mientras fluye acaparando cada vez más la abundancia que sustrae de los otros estratos sociales, dada su capacitación y falta de escrúpulos, demostrando el más rotundo dominio de la jugada en la que todos participamos, dentro del desfigurado marco de la realidad.

Crisis ecologica, crisis económica, crisis política y crisis social se contemplan en la sombra de nuestra vida como el efecto que perdura y avanza creciente en el campo de nuestra manipulada visión habitual.  Los síntomas surgen por todas partes y los efectos comienzan a sentirse biológicamente mientras se van diezmando las posibilidades de recuperar aquellas riendas del prometedor pasado, cuando todo era posible.  

Sin embargo, de vez en cuando, aparecen fórmulas que nos rememoran aquellas capacidades que perdimos cuando disolvimos la ferviente ambición juvenil para crecer en nuestra vida junto con un determinado índice de bienestar que, llegado a ciertas alturas del camino, ya nos consolidaba con una satisfacción feliz y coherente.   

Estas ideas que llegan en forma de escritos como el suyo, nos plantéan la revisión de esos procesos evolutivos por los que quizás hayamos paseado distraidos desinteresados por el entorno que nos rodea.  Nos ayudan a reinvocar ese espíritu de la lucha con el que llegamos a este mundo y nos empujan a pensar de nuevo en términos que exigen determinación, crítica y evaluación conceptual para minimizar fururos daños al entorno y procurar en nuestro porvenir un escenario pulcro, seguro y con una elevada capacidad para sobrevivir.

Estimada Sra. Caballero, agradecemos sus palabras aunque vayan envueltas con el rigor de la derrota.  A pesar de que las connotaciones derivadas de su escrito determinan que todo lo acontecido durante los últimos 30 años sea una gran falacia evolutiva, nos hacen pensar y, por tanto, reaccionar.  

En palabras de José Luís Borges: "la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce".  Sin embargo, sólo por el contraste de la idea, si atendemos al maestro José Saramago: "la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva.  En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva".  

Podemos levantarnos a diario con el espíritu del adolescente ávido por triunfar, la serenidad de los ancianos ante la insolente adversidad y el consenso por integrar la seguridad con los padres en el hogar.  Sólo así conseguiremos paliar los manotazos que el poder nos está dando (y así espabilar) mediante su opresiva actividad.  

Esperaremos, por consiguiente, que su 2014 nos llegará cargado de sentido del que más falta nos hace, el común, sólo así lograremos perdurar.

"El soldado bisoño lo cree todo perdido desde que es derrotado una vez".  Simón Bolívar

Confíe usted doña Concha, esta jugada pronto se remonta, nuestras generaciones, pretenciosamente inmaduras, ahora comienzan seriamente a cavilar..