recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

jueves, 14 de marzo de 2013

ARMA DE DIFUSIÓN MASIVA: hundiendo la réplica a la opresión



Fragmento de artículo "Los intelectuales proscritos" escrito por J.A. Molina en dP


"Sobre los intelectuales y la política, un veterano líder del movimiento obrero y antiguo diputado del Congreso, pedía desde un diario la implicación de los intelectuales en el depauperado panorama político de nuestro país al objeto de coadyuvar a la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Es una necesidad que sintió el propio Pablo Iglesias cuando animó a Julián Besteiro a ingresar en el PSOE y en la UGT. Y no se equivocó el padre del socialismo español; los momentos más brillantes de la izquierda han sido el resultado de la conjunción de las fuerzas del trabajo y los intelectuales.

Y sin embargo,
en la vida política actual se escucha una queja: ¿Dónde están los intelectuales? ¿Por qué no intervienen en el debate? Parece que se echa de menos la figura del intelectual comprometido, tan importante para la izquierda del siglo XX. En pocas etapas históricas recientes se ha podido contemplar una demolición tan exhaustiva de la politeia –espacio de lo público-, del concepto de ciudadanía y de la cultura como en la actual donde el destierro somero del humanismo propicia que la quiebra social, la dramática situación de la gente, la profunda crisis identitaria e institucional sean menos graves que el balance de un banco. El sociólogo francés Pierre Bourdieu, afirma que el intelectual puede y debe trabajar para producir y diseminar instrumentos de defensa contra la dominación simbólica del neoliberalismo. El colectivo-intelectual puede someter, según Bourdieu, al discurso dominante a una crítica del léxico abstracto (globalización, flexibilidad, empleo) razonando sus usos perversos."..
 


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Estimado señor Molina,
  
no se trata de que los intelectuales no participan en la verbena (inter)nacional de la argumentación en contra del desastroso devenir político-económico actual, se trata de que el tejido que envuelve la realidad de la opinión del momento es tan extenso que concluye en la desaparición de la misma por completa omisión de su criterio.   

El sentido común que el intelectual aporta desesperadamente se disuelve en la inmensidad del océano de opinión creado por otras razones, la propia difusión de la información.  Un concepto significativo  y útil apenas mantiene la capacidad de flotación para breves instantes en el cambiante marco de silicona.

Con el uso de internet, nuestra arma de difusión masiva por excelencia, los canales de transmisión son desmesuradamente numerosos y, aunque están superpoblados de interesantes consideraciones individuales y colectivas de carácter más o menos
intelectual, no consiguen fraguar en la constante necesaria para que la sociedad se decida, tome acción y prenda la mecha del cartucho que debería hacer estallar en las manos de alguno de los que ocupan los sillones del falso prestigio y la opresión ciudadana, los que públicamente son elegidos y ejercitan como embusteros exorbitadamente gratificados.

Si el momento se demora en exceso, tal y como apuntan las formas, el obstinado objetivo de las cúpulas directrices será consumado.  El racional será aplastantemente derrotado y la evolución intelectual del ser humano mermada de cualquier posibilidad para perdurar más allá de las generaciones aun con vida.

Demasiada gente diciendo demasiadas cosas y lo saben..

No obstante todos queremos opinar.  Todos perseguimos el afán de difundir nuestro enfado ante la crítica opresión que sufren las sociedades desde el poder.  Nuestros criterios, mejor o peor redactados, con más o menos capacidad intelectual, están contribuyendo sin quererlo a la disolución del propio sentido común de la humanidad.  Ante este hecho, por mucho que un erudito pretenda abrigar cualquier idea en su público manifiesto, otros cientos de miles disolverán su enunciado en el frondoso bosque de la opinión cibernética.

Quizá, en parte, eso consolide la teoría del cambio de pensamiento que se inicia con la entrada de la fecha 22.12.2012.  ¿Quién sabe..?  Lo que sí podemos demostrar con certeza es que lo que nos entra por la vía gratuita, rara vez termina solucionando nada, mucho menos una gestión tan compleja como el virtuoso y exitoso esfuerzo que muchos acometen por empobrecer a la mayoría de la sociedad para su propio beneficio.

Decía Bill Gates que el siglo XX, antes que por otros logros de la raza humana, será recordado en la historia fundamentalmente como el siglo en que se gestó la revolución en la información.  Le damos la razón.  La revolución del criterio de la sociedad de la palabra endemoniada que perdiendo la libertad y el poder de su destino, utilizó el mecanismo totalmente en su contra y sin apenas darse cuenta.   

Quizá el arma más destructiva y peligrosa de todas las que había creado.