recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 15 de enero de 2013

SANGUIJUELAS del estado español vs. el HONOR DEL SALMÓN

Foto de eldiario.es/zonacrítica: Efe


Transcribimos un texto muy sugerente de Don Epifanio Quirós, con un leve aumento en el número de personajes referidos pues él tan sólo englobaba a los (listos) de los extremos.

"Este ejemplo tendrían que seguir todos estos mamarrachos:

HARRY TRUMAN fue una clase diferente como presidente. Probablemente tomó tantas o más decisiones en relación con la historia de USA como las que tomaron los 42 presidentes que le precedieron. Una medida de su grandeza puede que permanezca para siempre: se trata de lo que hizo después de dejar la Casa Blanca.

La única propiedad que ten
ía cuando falleció era la casa en la cual vivía, que se hallaba en la localidad de Independence, Missouri. Su esposa la había heredado de sus padres y, aparte de los años que pasaron en la Casa Blanca, fue donde vivieron durante toda la vida.

Cuando se retiró de la vida oficial en 1952, todos sus ingresos consistían en una pensión del Ejército de $13.507 al año. Al enterarse el Congreso de que se pagaba sus sellos de correo, le otorgó un complemento y, más tarde, una pensión retroactiva de $25,000 por año.


Después de la toma de posesión del Presidente Eisenhower, Truman y su esposa regresaron a su hogar en Missouri conduciendo su propio coche... sin ninguna compañía del Servicio Secreto.


Cuando le ofrecían puestos corporativos con grandes salarios, los rechazaba diciendo: "Ustedes no me quieren a mí, lo que quieren es la figura del Presidente y esa no me pertenece. Le pertenece al pueblo norteamericano y no está en venta..."


Aún después, cuando el 6 de Mayo de 1971 el Congreso estaba preparándose para otorgarle la Medalla de Honor en su 87 cumpleaños, rehusó aceptarla, escribiéndoles: "No considero que haya hecho nada para merecer ese reconocimiento, ya venga del Congreso o de cualquier otro sitio."


Como Presidente se pagó todos los gastos de viaje y la comida con su propio dinero
". 


-----------------------------------------------------------------





El honor ya nada tiene que ver con los valores de nuestra sociedad desde ya hace unas décadas.  Es un concepto retrógrado que tan solo dignifica el espíritu personal y magnifica la pérdida de capacidad adquisitiva en el entorno del individuo que hoy lo "sufre".  Hay componentes de supervivencia que engloban la capacidad de resistencia de seres con cierto poder frente a la desprotección que experimentan los individuos  mundanos que luchan por tirar adelante cual salmón indignado en su duro y accidentado camino río arriba para alcanzar el desove.

Está bien claro que entre "tener" honor y "sufrirlo" hay un abismo semántico que sólo tolera variantes de estructura simple y de enfoque más bien pragmático-egoísta.  La creada permanencia de los poderosos en el campo de la remunerativa comunión con el sueldo indefinido altera cualquier apreciación de lo que antes significaba tener algo de honor personal y se adentra en nuevos criterios que pasaremos a analizar.

La razón principal podría verse inmiscuida entre los ámbitos de la ambición personal y el conocimiento a priori del devenir de las cosas que ellos consignan, negocian y perpetran por ser quienes son.  El desastre económico que han programado para elevar sus fortunas personales a índices que antes pertenecían a la aristocrácia, ahora deshonrada por su falta de atención en el negocio del mando.  Pero también son seres humanos como los demás, son surgidos de la plebe y aspiran a coronar los estamentos que pertenecían a los despóticos monarcas.  Siendo plebeyos, utililizaremos metafóricamente el caso del salmón, como decíamos antes, pues su beligerante esfuerzo de remontar el río resume el sentido del transcurso de nuestra vida con una claridad desconcertante.  Una metáfora que determina paralelismos de increíble significado si observamos la vida de los estructurados patrones modernos que estos mamarrachos nos están vendiendo.   

El ascenso del salmón en los ríos es un fenómeno asombroso cuando llega la época del desove anual.  Al igual que la vida de un ser humano en un entorno desarrollado quien lucha por otorgar a sus descendientes las mejores opciones de vida posibles.  La persistencia y obstinación de los peces por llegar a los prístinos frezaderos de las partes superiores del río ha cautivado desde siempre la conciencia humana, igual que nuestro objetivo de vivir en las zonas mejor urbanizadas y con todos los posibles servicios.  

El precio que pagan los salmones por llegar hasta las cabeceras del río es elevado.  El ser humano a su vez, también, ya que reduce su calidad de vida para adentrarse en ese "esfuerzo" de consguir la anunciada "vida digna", la que nos transmite el entorno como un valor imperativo en nuestra existencia.  Por un lado las mermadas reservas energéticas del salmón sufren un desgaste considerable durante el remonte, lo que se agrava conforme el desnivel superado es mayor y mas son los obstáculos naturales o artificiales que los peces han de salvar.  Por otro, el limitado caudal del agua en zonas altas del río les hace mucho mas vulnerables a sus posibles depredadores.  Como en nuestra relación con el entorno social y la subida de impuestos, por ejemplo, los intereses de los préstamos hipotecarios que solicitamos, el consumismo y el aumento de los precios.

Al acceder hasta los elevados frezaderos del río los salmones sacrifican su propio bienestar al de su futura descendencia.  Las cabeceras del río con sus aguas impolutas, ricas en oxigeno y libres de sólidos en suspensión constituyen el hábitat ideal para la puesta, el alevinaje y el desarrollo de los juveniles.  Recordemos el empeño con el que generamos, construímos y poblamos las zonas urbanizadas de forma que no queden demasiado lejos del puesto de trabajo y las zonas de diversión y ocio.

Sabemos que después de que los alevines abandonen el lugar de nacimiento se quedaran a residir en aguas cercanas, controladas.  Controlamos también, que de haber desplazamientos, estos serán casi siempre en el sentido de la corriente, el entorno corregido que les hemos presentado a nuestros pequeños siempre les dará garantías de seguridad y conexión familiar.  Tal y como la competición por el alimento y el refugio de depredadores son en las fases de vida tempranas del salmón sus principales causas de mortalidad, en el ser humano hemos desarrollado (para los que se lo pueden permitir) un batallón de vacunas infantiles, un despliegue de leches y alimentaciones pertinentes para que nuestros pequeños crezcan sin los peligros externos que antes garantizaban cierta estadística indeseable. 

Al llegar los reproductores hasta los elevados frezaderos conseguirán que su descendencia disfrute de un hábitat de mejor calidad, de una potencial zona de colonización mayor y de una densidad menor que la de otros peces que hayan desovado en tramos mas inferiores donde les haya sido mas fácil llegar.  A su vez, los juveniles nacidos en tramos mas bajos se favorecerán de que la población se distribuya a lo largo de la longitud del río evitando así densidades elevadas.

En fin, válganos este proceso comparativo entre el salmón y el ser humano para simplificar en forma metafórica y esquematizar esos valores impuestos al desarrollo de la vida humana en un entorno de civilizada sociedad.  Algo lejos de mantener si queremos que el futuro convenga una situación en la que nuestros "alevines" no se despisten del camino y los atropelle un todoterreno conducido por un mamarracho qualquiera que circule a toda velocidad. 

Habrá que revisar, por tanto, si el equilibrio entre el desarrollo de nuestra salud, ahora puesta en entredicho por las privatizaciones del sistema público sanitario, y si la capacidad adquisitiva del individuo colectivo permanecen en los estándares adecuados o sufren, tal y como aventuran los hechos que estamos viviendo, la descomposición total de una especie que está entrando en una etapa que puede generar su propia extinción, sin duda el fin tanto del individuo acomodado como el valor de su propio honor.