recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

sábado, 17 de noviembre de 2012

LA INDIGNACIÓN y el nuevo ejército social colectivo



Esther Vivas, una ocupada activista política al frente de la formación Izquierda Activista, nos expresaba ayer en su blog

“Tensar la ley hasta allí donde esté permitido y un poco más” prometió el consejero de Interior de la Generalitat Felip Puig al poco de ocupar su cargo. Y así ha sido.  Desde el inicio de la legislatura de CiU se ha abierto una página web para delatar a manifestantes que después fue cerrada ante el creciente rechazo social, se han arrestado a más de cien personas desde la Huelga General del 29M por haber participado en piquetes, se han llevado a cabo varias detenciones preventivas y, además, tres personas han perdido un ojo por el uso de pelotas de goma de los Mossos d’Esquadra y varias han sufrido heridas por cargas policiales.

La doctrina Puig no sólo busca “tensar la ley” sino que tiene como objetivo infligir miedo.  Y así lo vimos anteayer en la jornada de Huelga General.  Nombraremos sólo dos hechos.  Al mediodía en Tarragona una carga policial indiscriminada contra los manifestantes acabó con un niño de 13 años herido en la cabeza tras los golpes recibidos por parte de los Mossos.  Las personas que increparon a los agentes por dicha actuación recibieron también varios porrazos.  Por la tarde en Barcelona, los Mossos cargaban violentamente en Via Laietana. El uso de pelotas de goma provocó varios heridos, entre ellos una mujer a quien reventaron el globo ocular izquierdo, tuvo que ser operada y perderá la visión de un ojo.

Ante estos hechos, Felip Puig declaraba ayer que el niño de 13 años fue herido por “mala suerte” y que el agente que lo golpeó actuaba “en defensa de su persona” frente a los manifestantes que, por cierto, huían corriendo tras la carga.  Las imágenes de este vídeo dan otra versión de los hechos: la de un niño que es golpeado una vez en la carga y otra mientras se protegía inmóvil en el suelo. ¿Mala suerte?

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Cierto es que la historia de la humanidad ha demostrado que la indignación colectiva prevalece frente a la imposición de la fuerza de los ejecutores del poder, organizados y dirigidos por los gobiernos que nosotros mismos hemos elegido.  Parece una ironía, más bien alevoso, el hecho que la energía que condensa esa fuerza impositiva prolifere en contra de cualquier pronóstico razonable en dirección opuesta a su principal generador.  La naturaleza humana ya no es un concepto que pueda ser analizado desde el punto de vista natural, pues la idiosincrasia del planeta en el que subsiste siempre ha conferido únicamente procesos de supervivencia a sus habitantes.  En oposición a los de auto-ataque fratricida con los que esa especie ha evolucionado y está drenando las venas de su propio sustento; la especie que además, domina esas fuentes productivas de manutención con descarado entendimiento.

¿Cuántos colectivos más tienen que alzar sus voces para dibujar de forma inteligible para la sociedad el esquema de autodestrucción que estamos llevando a cabo?

¿Qué hemos de hacer para descifrar y entender el clarísimo mensaje que tantos expertos nos están chillando con alto nivel decibélico?

La progresión de hechos que vulneran nuestra, ahora extra-frágil, supervivencia quizás constituyan el destino que va a acontecer con una raza que ya ve extinguidas sus posibilidades de superación, la perduración está en su máximo nivel de alarma.  El carácter colectivo de la humanidad ha conseguido engendrar un ejército social que se levanta irascible en contra de una minoría que gobierna los recursos y consiguen sus valores del engaño y la opresión.  Pero su mensaje no cruje las cristalinas capas de obstinación que generan la ambición individual y el egoísmo exacerbado de los poderosos.
 
El volumen de alimentos que se producen de forma enmascarada en el compendio del crecimiento económico enfocado a ciertas naciones poderosas, a modo de negocio para ganas más, están agotando la capacidad de futura auto-manutención de la propia especie.  Unos preocupados por anunciar los avances tecnológicos que mantendrá una longevidad del ser humano por encima de los mil años (Aubrey de Grey), mientras, los otros, arrasamos con un lanzallamas (escuchando la Cabalgata de las Valkirias de Wagner a todo trapo) la semilla que va a darnos la capacidad de sobrevivir hasta mañana.

Quizás el dogma de la indignación no proporcione más que el volumen para ajustar un inaudible mensaje que va destinado a un ser receptor sin capacidad auditiva.  

Una práctica más de nuestro absurdo ejercito social colectivo..