recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

miércoles, 17 de abril de 2013

La ASUCIA, el Bien Común y los pisos patá..




Manuel A. Juanes Pierna

"Es de sentido común la defensa de todas aquellas medidas que contribuyan al bien común de la sociedad española, en cuanto que somos parte de ella y su beneficio es el nuestro propio. No obstante, según Antonio Gramsci, “cada estrato social tiene su propio sentido común” y, por pura lógica, los estratos superiores de la estructura social interpretan y construyen un relato de los acontecimientos conforme a un sentido común propio, distinto al de los comunes y acorde a su posición hegemónica. Esto no es nada nuevo, es del todo natural.

Por el contrario, personalmente me preocupa que una parte de los individuos, de posición media y baja en la estructura social española, asuman como propios los intereses de las clases altas, aún a sabiendas de que dichos intereses son diametralmente opuestos a los suyos. Calificamos a este tipo de comportamientos como faltos de sentido común; y es tal su abundancia hoy, que el sentido común parece ser el menos común de los sentidos.

“Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio”. Miguel de Unamuno
".



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imagen tomada del libro "La vida del Lazarillo de Tormes", obra anónima 1554


Se puede decir más alto pero no más claro.

"No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente". Sir Francis Bacon.

Recordemos que fue aquí, en nuestra vanagloriado territorio nacional, donde mejor adaptamos la vida social del género literario de la picaresca.  Los personajes del Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache, el Buscón y muchas otras grandes obras que describen las aventuras de avispados protagonistas, nos han mostrado, desde el inicio del género en el siglo dieciséis, las vicisitudes y consecuencias de cómo vivir sin dar un palo al agua y buscando emociones fuertes.

Los fundamentos del personaje "espabilado" en nuestra cultura promocionan sus capacidades elevando su sentido sobre el costado más positivo en la interpretación del vocablo.  El sentido del "buscavidas" aparece socialmente contextualizado como alguien que se esfuerza, que trabaja y que se desgañita para mejorar su vida a base de enfocar sus intenciones calibrando metodológicamente los vagones de la suerte que transitan, de forma alternada, por las vías controladas de su realidad.

Últimamente ha sido observado, generalmente durante las conversaciones contemporáneas casuales, aquellas que ocurren espontáneamente en momentos inesperados en las que sin querer profundizar uno acaba lanzándose al abismo sin pestañear, que el concepto del "buscavidas" está fluyendo por la calle como la causa de los males de nuestra obtusa sociedad.  Como bien advierte en el dP Manuel A. Juanes Pierna en su excelente artículo de hoy "El espíritu del bien común", el vulgo pretende ahora merecer los beneficios de los estratos sociales superiores, incluso el últimamente tan nombrado, bien común. 

Tiempo atrás, durante nuestros gloriosos días sobre la isla del gran Norman Foster, el piloto-arquitecto que logró condensar a más de setecientos titulados superiores bajo el chasquido de su preciso látigo y de su célebre ruindad, uno observaba en el transcurso de la vida cotidiana que el concepto del "espabilado" en el reino angloparlante era algo de mal ver, una idea no practicada por la propia racionalidad, o por lo menos nadie lo hacía abiertamente.  En sus inicios, el ignorante novel recién llegado, asimilaba que el afán de superación de esa nueva cultura era un tanto contradictorio en la forma de apreciar esa particular capacidad, la que a priori consideraba positiva, de supervivencia y de adaptación individual.  No obstante, con el tiempo se observó que cuando el entorno gira en un cierto sentido opuesto, eso significa algo concreto y más certero en realidad. 

Cuando uno vive su segunda década desatado y libre en un panorama singular, empieza a entender ciertas cosas que las infrastucturas sociales organizan para uno desde su entorno habitual y familiar.  El valor de salir huyendo de ese viciado escenario determina, para uno, la ampliación selectiva del verdadero campo de visión social.

Hoy la realidad de nuestos días nos ha dado el invento los pisos "patá", aquellos que se obtienen de ciertos innombrables individuos a cambio de 300€, aquellos que por la cara y una patada en la puerta, "se pueden", por estar verdaderamente vacíos, tranquilamente ocupar.  

O como el caso del cerrajero quien ayuda al juez y la policía haciendo desalojos, rompiendo puertas, cambiando cerraduras y luego extiende falsos contratos a inmigrantes cobrando dos o tres meses adelantados de alquiler por ese piso que no es suyo..
 
¡España cañi!
 
Si cuela, cuela.  Y si no, me la pela..



"Todos los cementerios del mundo están llenos de gente que se consideraba imprescindible".  Georges Benjamin Clemenceau