recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 23 de abril de 2013

MERCADONA contra el modelo del adecuado sentido común

Juan Roig, propietario de Mercadona

Exponemos, a continuación, parte del artículo de El Mundo del pasado 24/10/2012 donde se airean las gestas de Juan Roig, el presidente de la empresa Mercadona:

"Mercadona es protagonista este miércoles en las páginas del periódico 'The Wall Street Journal', que revela que el "secreto de su éxito" reside en funcionar con "una receta al estilo alemán", con el fin de lograr una mayor productividad, con condiciones de trabajo flexibles para sus empleados, cuya labor está ligada al logro de 'bonus', una "mezcla poco común" en España.

El diario estadounidense destaca en su portada que la cadena valenciana ha contratado a 6.500 empleados el pasado año, más que cualquier otra compañía española, con unas ventas que se elevaron un 8% y que continúan en ascenso.

Todo esto lo ha logrado, según el rotativo, en un país que "se está acercando a un rescate internacional", con una tasa de desempleo cercana al 25% y con unas ventas minoristas que han disminuido durante 25 meses consecutivos".



Otro interesante comentario sobre la firma, lo encontramos en tenemosderechoatrabajar:

"A propósito de su desafortunada alabanza a los chinos de los bazares, los empleados de Mercadona no sufren las condiciones laborales de muchos chinos, pero trabajan como chinos, en el sentido popular del término, con un nivel de exigencia máximo. El presidente de Mercadona querría que todos sus empleados fueran tan trabajadores y comprometidos como él, y que lo fueran también los de sus interproveedores y todos los españoles. “Cultura del esfuerzo”, es su máxima".


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Lo cierto es que el éxito de las campañas del empresario avalan su capacidad de gestión y el poder de su ambición.  Setenta mil empleados y el aumento sustancial anualmente reiterado del volumen de ganancias de su empresa en tiempos difíciles, dicen mucho de su inteligencia empresarial para el desarrollo de un pequeño y enmarañado negocio como es el de los comercios de la alimentación.

No obstante, el mérito, como en la mayoría de los gestores del éxito desastroso de nuestro país (aquel que se experimenta a expensas de los demás que intervienen), no es suyo.  Su rigor y metodología proviene de fuentes ya conocidas, testadas y calibradas originarias del Wall-Mart estadounidense y de otros gigantes de origen alemán.  

El caso es que en la red podemos encontrar multitud de opiniones como "lo cierto es que han conseguido crear todo un ejército de trabajadores alienados que se devora entre si por una palmadita en lo lomoEs el gran logro de la empresa actual, ya no hay carceleros, aquí cada uno guarda su propia jaula" (Mirage).  La mayoría de las que aparecen desde un fondo individual vienen cargadas de un criterio que nos determina hacia la visión de un ente negativo en la figura del Sr. Roig, el que se llena los bolsillos a costa del presunto esclavismo de sus trabajadores.


El caso es que su filosofía va entroncada con un valor que es fundamental en la linea de pensamiento que desde aquí se intenta, humildemente, definir como una mecánica necesaria para desarrollar en el ser humano su vida como útil y generar, así, una linea estructural modélica para todos los demás: la conductividad del esfuerzo personal dentro del colectivo social y los beneficios generalizados en la propia capacidad de recompensar, especialmente para los interventores en el proceso de crecimiento de algo con talante y carácter positivo.  De este modo, el Sr. Roig produce, aparentemente, un cierto beneficio a muchos de sus trabajadores a través de la buena remuneración aunque crea un entorno laboral con una atmósfera crispante por lo que el empeño a producir y crecer conlleva.

Hasta este punto todo parece que mantenga un cierto equilibrio con lo que debería ser la determinación para una progresión empresarial determinada y comedida, pero estariamos deshechando la idea de que cuando se gesta un gigante, éste acaba aplastando a los enanos que pendonean a su alrededor, desprovistos de sus mismos márgenes intelectuales y ferviente ambición.  Estos seres menudos, deambulan por  las proximidades despreocupados del éxito, sólo quieren sobrevivir sin demasiados dolores de cabeza, quedando así, expuestos al desastre de ser despachurrados por las colosales zapatillas del titán mientras practica su veloz e intensa galopada hacia la consecución, la que afanosa y despiadada carece de una meta tangible por su elevado nivel de ambición.  Esa, precisamente, es la cuestión que estigmatiza el éxito.  La voluntad de crecer desmesuradamente absorbe cualquier esfuerzo del pequeño para crecer a un ritmo sostenible y, por otro lado, coherente con los rigores del planeta en el que vivimos.

Las intensas zancadas del feroz paquidermo, desnutren a la sociedad que se integra en él, en dicho caso con el Sr. Roig.  Los setenta mil agraciados que arrastra sobre los lomos de su coloso están despojados de calidad de la vida que cualquier ser humano pueda merecer en el transcurso de sus jornadas laborales cotidianas, por mucho esfuerzo personal que realicen dada su limitada capacidad intelectual por absorber una adaptación a su entorno, por ejemplo, más inmediato

Pero.., en un país repleto de pícaros espabilados y afanosos en el mangoneo.. ¿¡cómo vamos a levantar cabeza de una forma comedida sin dar incentivos a la gente para avanzar..!?  Los ejemplos que a diario cumplimentan todas las editoriales propagandísticas sobre lo que ocurre nos muestran que no hay pena para los caraduras. 

¿Ángel o demonio..?  Cosas buenas y cosas malas.  El tiempo y la abundancia de su empeño, nos dirá..

Lo que sí está claro es que si sus ingresos como presidente tuvieran algo que ver con la filosofía del modélico Sr. Cristóbal Colón, presidente de la empresa de lácticos y otros derivados La Fageda, donde la estructura salarial cumple con unos baremos de coherencia raramente planteados en el mundo comercial, la cosa cambiaría a un ejemplo más adecuado para lo que en estos momentos requiere la economía mundial.  Las escalas salariales de 1/20, en su caso 1/6, algo de lo que estamos seguros el Sr. Roig incumple con alevosía.

Aunque, sin duda, esa escala salarial planteará un difícil caso, probablemente imposible, a la hora de intentar conducir la realidad laboral de un gran grupo de trabajadores que no padezcan enfermedades psíquicas profundas diagnosticadas por un profesional..