recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

martes, 29 de mayo de 2012

SAMIR AMIN: piensa en el mundo


Nacido en 1931 en Egipto, Samir Amin es uno de los pensadores neo-marxistas más importantes de su generación. Desarrolló sus estudios sobre política, estadística y economía en París.           

Entre 1957 y 1960 trabajó en la administración egipcia del desarrollo económico. Desde ese año y hasta 1963 se desempeñó como consejero del Gobierno de Mali. En 1970 se convierte en director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y Planificación con sede en Dakar, Senegal. Actualmente es director del Foro del Tercer Mundo, una asociación internacional formada por intelectuales de África, Asia y América Latina, destinada a fortalecer los esfuerzos intelectuales y los lazos entre los países del tercer mundo, también con sede en Dakar.

Amin a dedicado gran parte de su obra al estudio de las relaciones entre los países desarrollados y los subdesarrollados, las funciones de los estados en estos países y principalmente a los orígenes de esas diferencias, las cuales se encontrarían en las bases mismas del capitalismo y la mundialización. Para Amin, la mundialización es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, sin embargo, en las antiguas sociedades esta ofrecía realmente oportunidades para las regiones menos avanzadas de alcanzar a las demás. Por el contrario la mundialización moderna, asociada al capitalismo, es polarizante por naturaleza, es decir que la lógica de expansión mundial del capitalismo produce en sí misma una desigualdad creciente entre los socios del sistema. 

Uno de los conceptos centrales de los estudios de Amin es la "tesis de la desconexión", el cual desarrolla en su libro La desconexión publicado en 1988. En el marco de esta obra elabora una serie de propuestas acerca de la necesidad de que los países subdesarrollados se "desconecten" del sistema capitalista mundial. Esta necesidad de desconectarse no está planteada, según Amin, en términos de autarquía, sino cómo necesidad de abandonar los valores que parecen estar dados naturalmente por el capitalismo, para lograr poner de pie un internacionalismo de los pueblos que luche contra este. La necesidad de desconexión es el lógico resultado político del carácter desigual del desarrollo del capitalismo, pero también la desconexión es una condición necesaria para cualquier avance socialista, tanto en el Norte como en el Sur. ¨.            

Crítico feroz de la globalización, en cuanto sistema impuesto, Amin ve en ella una coartada detrás de la cual se esconde una ofensiva del capital, que quiere aprovecharse de las nuevas relaciones de fuerza que le son más favorables para aniquilar las conquistas históricas de las clases obreras. Estas relaciones de fuerza favorables están así planteadas desde la caída del bloque Soviético. Para Amin la etapa que va desde el fin de la segunda guerra mundial (1945) hasta el desmoronamiento de la URSS y sus satélites (1989-1991) significó una etapa de ascenso de movimientos de liberación en los países del tercer mundo y de progreso en sus economías ya que se vieron beneficiados por la competencia Este-Oeste. A partir del derrumbe de la URSS el triunfo del capital es total y este encuentra condiciones más favorables para dar marcha atrás en los logros de los pueblos. Amin discute la idea de la mundialización como logro de la humanidad, como máxima meta del progreso humano.  Sin embargo, el discurso dominante hace de la mundialización una obligación absoluta, una ley incuestionable contra la que no se puede hacer nada. Aún más, la mundialización sólo tendría un aspecto, la que se nos propone en su nombre, siendo todas las demás forzosamente utopías.

Dentro del pensamiento de Amin también pueden encontrarse fuertes críticas al comunismo de tipo soviético. La principal es precisamente que no llegó a ser socialista. Muy por el contrario lo que hizo fue establecer un nuevo tipo de burguesía (la Nomenklatura) que se miraba, en todas sus aspiraciones, en el espejo de Occidente cuyo modelo ansiaba reproducir. Amin planteará que el socialismo significa no sólo la abolición de la propiedad privada sino también (e incluso más) otras relaciones con respecto al trabajo que las que definen el estatuto del asalariado y la construcción de un sistema que permita a la sociedad en su conjunto (y no a un aparato que opere en su nombre) dominar su devenir social, lo que a su vez implica la construcción de una democracia avanzada, más avanzada que la burguesa. Sin embargo la sociedad soviética no sólo no se diferenciaba de la burguesa en estos puntos sino que cuando se diferenciaba era para peor.  

Entre su obra tenemos: El capitalismo en la era de la globalización, 1998; El fracaso del desarrollo en África y en el tercer mundo: un análisis político, 1994; El Mediterráneo en el mundo: la aventura de la Transnacionalización, 1989; El desarrollo desigual, 1986; Transforming the world-economy? : nine critical essays on the new international economic order, 1984; Classe et nation dans l"histoire et la crise contemporaine, 1979; Elogio del socialismo y otros escritos, 1978; El desarrollo desigual: ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo, 1978; Decadencia y crisis del capitalismo actual, 1978
 
 L"impérialisme et le développement inégal, 1976; Imperialismo y desarrollo desigual, 1976; La nation arabe : Nationalisme et luttes de classes, 1976; Sobre la transición, 1975; Los Angeles, United States of Plastika, 1975; Sobre el desarrollo desigual de las formaciones sociales, 1974 y Le maghreb moderne, 1970.




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La mundialización ha consumido a las sociedades árabes de manera irreversible
Por Carla Fibra y Pedro Rojo

Samir Amín, economista egipcio, es uno de los intelectuales más destacados y escuchados del Sur. Ejemplo de constancia en sus denuncias al desigual e injusto sistema económico impuesto por los países más poderosos, sus análisis desmontando la imposición neoliberal se remontan más de dos décadas. En la actualidad dirige el 'Foro del Tercer Mundo', con sede en Dakar (Senegal), organización de "mil asociados, africanos, asiáticos y latinoamericanos".

Intelectuales y académicos comprometidos a través de la asociación a movimientos diversos, partidos políticos (...) estamos organizados como una sociedad de debate para profundizar, de forma independiente y desde una perspectiva de izquierda, a nivel regional y a nivel de los países, en los problemas del Tercer Mundo", como indica el propio Amín. Esta entrevista se celebró en el entorno de la Contraconferencia de Barcelona contra el Banco Mundial (junio 2001) donde Samin Amín participó en taller sobre el proyecto Euromediterráneo invitado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

Nación Árabe: ¿Qué puede significar para la estructura mundial el Proyecto Euromediterráneo?

Samir Amín: Hay que partir del momento precedente. Los años 50, 60 y parte de los años 70 se caracterizaron en el mundo árabe por el aumento de los movimientos de liberación nacional, su radicalización ilegal y una serie de proyectos que yo llamo "nacional-populistas", fundados sobre bloques sociales hegemónicos relativamente grandes que hicieron concesiones significativas a la clase popular a través de reformas agrarias, de la nacionalización e industrialización, de la expansión del sistema de educación... pero también basados en una manera dictatorial de ejercer el poder, donde la apelación populista -no popular- tiene sentido, donde no se tolera la autonomía de las clases populares para que puedan realizar su proyecto. La página de ese momento ha pasado. La mundialización ha consumido las sociedades árabes de una manera seria e irreversible, al tiempo que éstas muestran sus límites históricos y sus contradicciones internas, que comprenden también transformaciones internacionales, en particular las ocurridas en los fundamentos del sistema soviético sobre los cuales se apoyaba el mundo árabe para enfrentarse al desafío occidental.

En la actualidad existe un endurecimiento de las formas autocráticas del poder; no me refiero a las dictatoriales fascistas, sino a las autocráticas, a lo que yo llamo "el poder de los mamelucos", es decir, el de los militares, los hombres del comercio comprador y los hombres de religión, con una batalla alterna entre la preeminencia militar (tipo Argelia actual, o Egipto) o la preeminencia de los hombres de religión, modelo iraní -aunque no árabe-. Mientras, tiene lugar un conflicto violento como el de Argelia, en el que se combina la lucha entre la clase dominante por el poder y la inserción del país en la mundialización liberal. De esta manera se desvía el debate de los verdaderos desafíos -los problemas económicos y sociales- a un conflicto virtual en la abstracción del más allá. Se trata de un conflicto que pretende llevar el debate a la cuestión cultural y religiosa, evitando la discusión del problema concreto. Al mismo tiempo, pasamos de un régimen autocrático y falsamente alternativo al islam político, que no es un movimiento religioso sino político, en el que se utiliza la religión pero que responde a un movimiento político reaccionario, no solo cultural, porque acepta la inserción de la mundialización capitalista. Es la razón por la que los poderes occidentales se sienten cómodos: militares e islamistas aparecen como aliados, uno puede sustituir al otro sin problemas. Además, esos mismos gobiernos han sido arrastrados por la erosión de los proyectos nacionalistas al proceso que llevó al [Acuerdo OLP-Israel de] Oslo (1993) y, en 1995 en Barcelona, a [la primera Conferencia del] Proyecto Euromediterráneo. Todo debe analizarse y contemplarse conjuntamente. Por una parte, es un proyecto de paz inaceptable, de la creación de bantustanes en Palestina con una Autoridad Palestina concebida como gestora de los intereses israelíes compradores y del capital dominante. Y, por la otra del cuento de la asociación euromediterránea con la intención de sustituir el diálogo euro-árabe con un falso diálogo euromediterráneo, que permita introducir a Israel y a Turquía, y aislar al Golfo.

Ante las relaciones económicas acordes con la línea de la mundialización capitalista, hay dos luchas principales en el mundo árabe que están empezando a cambiar esta situación. Una es la Intifada palestina, ha sido el pueblo palestino el que ha rechazado la bantustanización, logrando poner el proyecto en peligro, y obligar a pensar en otro tipo de compromiso. La otra es la explosión de la lucha del pueblo argelino. Durante más de veinte años, los mamelucos del poder militar y los islamistas ocupaban íntegramente la escena y convirtiéndose en hermanos gemelos, la elección estaba entre nosotros o ellos, sin una tercera alternativa, y de repente el pueblo argelino sale y asegura: "la alternativa somos nosotros. Ni vosotros ni ellos. La alternativa es la democracia social".

N.Á.: Estas actitudes ¿pueden provocar el cambio en otros países árabes como Marruecos que intentan evolucionar hacia la democracia?

S.A.: El eco es muy grande, el poder está muy enfadado y perjudicado por el movimiento argelino, intentan vilipendiarlo. Se ha dicho que es un movimiento étnico de la Cabilia, algo falso porque comenzó en esa región pero se ha convertido en un movimiento general del pueblo argelino, y también dicen que es un movimiento manipulado desde el exterior, por Francia, algo incierto. Existe la complicidad doble del poder argelino y de los islamistas para denigrar este movimiento, pero ya hay excepciones, incluso en la prensa árabe, se dice: "La izquierda árabe está reapareciendo y quizás sea el ejemplo de lo que se debe hacer".

N.Á.: ¿Se dan actualmente las condiciones para que se convierta en un movimiento general, que englobe a los países árabes a partir de este ejemplo de revuelta y reivindicación?

S.A.: Es muy difícil responder a esa cuestión, me gustaría que así fuera, pero no estoy seguro de que pueda ocurrir. Es muy importante que la izquierda árabe retome el contacto. Ese sector de la política han quedado extremadamente desamparado por los fundamentos del nasserismo, el marxismo, el sovietismo, porque no se posicionaron de forma crítica frente a estos movimientos. La izquierda árabe, la comunista en particular, se encontró como la izquierda del nacional populista de la alianza soviética. Por ese hecho se encontró extremadamente desamparada en un momento histórico determinado, pero puede que en la actualidad esté en un proceso de retomar conciencia de que una nueva visión de la acción es necesaria.

N.Á.: ¿Qué papel tienen los intelectuales árabes en este movimiento?

S.A.: Los intelectuales árabes son como los de cualquier sitio, hay un centro, una derecha y una izquierda..., la confusión, el límite...

N.Á.: Pero pasa algo similar a lo que les ocurre a los partidos de la izquierda, están deslegitimados por participar en la pseudodemocracia....

S.A.: Históricamente, los intelectuales árabes han estado en el surgimiento de las luchas de liberación nacional y del comunismo, se comprometieron con partidos políticos. Si pienso en mi juventud, durante la Segunda Guerra Mundial, en la escuela nos peleábamos todos los días a la hora del recreo entre la mitad que se proclamaba comunista y la otra mitad que se consideraba nacionalista. No había nada más, era impensable. Guardando las distancias, los actuales intelectuales se han convertido en los representantes orgánicos del movimiento nacional populista con su ala burocrática de derechas, su ala izquierdista..., yo [mismo] fui estalinista, era maoísta, de hecho lo sigo siendo. En este momento los intelectuales críticos están desamparados porque carecen de un partido o una fuerza política constituida, respetable, ante la cual ellos se puedan sentir responsabilizados.

N.Á.: ¿Qué salidas contempla usted ante la escalada de violencia en los Territorios Ocupados?

S.A.: Mi consejo es que se retome un viejo texto escrito en los años 60 o 70 por Maxime Rodinson, reeditado recientemente en una revista francesa, que se llama Utopie critique. En él se dice que el proyecto sionista de Israel es un proyecto colonial, que implica necesariamente arrasar con un pueblo de su territorio y que los que quedan sean sometidos a un régimen de apartheid. Ese proyecto a largo plazo no tiene futuro. ¿Qué compromiso en el momento actual es aceptable? El único acuerdo posible es el propuesto por el pueblo palestino: un Estado palestino en el conjunto del territorio ocupado, la devolución del Golán a Siria, y la coexistencia pacífica entre el Estado palestino y el Estado de Israel. Después ya veremos en que se convierte el pueblo de Israel, el palestino y el conjunto del mundo árabe. No vamos a solventar el problema para la eternidad. Ese es el compromiso y hay un trabajo considerable que hacer en ese terreno porque el sionismo, por desgracia, utiliza un eco en el mundo y en Europa en particular: el chantaje permanente del antisemitismo, cualquier posición anti-Estado israelí, o contra el proyecto como está concebido es una prueba de antisemitismo, hay que rechazar este análisis. Hay que rechazar el antisemitismo, pero muchos europeos se sienten mal al tener que posicionarse en este tema porque les pesa la responsabilidad histórica. Hay que desarrollar un combate claro sobre el tema, porque el chantaje al antisemitismo es reforzado por lo que los judíos americanos llaman "la industria del Holocausto".

N.Á.: Las mayoría de las alternativas económicas que se plantean frente al librecambio se basan en viejas recetas keynesianas, utopías de banca ética, trueque...

S.A.: Hay mucho de eso, pero no es lo único. Existen diversos movimientos que desde mi punto de vista son un poco naif [ingenuo]. Sea porque están fundados sobre principios éticos, que suelen ser simpáticos, pero un banco ético, asociaciones de consumidores para defender los productos obtenidos en condiciones sociales justas... hay siempre una cierta nostalgia del pasado, en un momento de descontento, donde las nuevas estrategias aún no han cristalizado es normal que exista una tendencia a querer restaurar un pasado mitificado y prolongarlo. Muchos movimientos quieren defender lo adquirido, eso no es negativo, pero creo que hay movimientos con respuestas rurales más imaginativas.

N.A.: En el mundo árabe un gran parte de la mano de obra es agrícola, el nuevo modelo de explotación agrícola que quiere exportar EEUU de grandes superficies altamente tecnificadas, significaría dejar sin fuente de ingresos a millones de campesinos justo cuando aumenta el paro.

S.A.: Ese es un punto muy importante. Me gustaría subrayar el papel de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El punto débil a partir del cual se podría organizar una campaña mundial inmediata es el farmacéutico, y el otro es la mundialización de la agricultura que es extremadamente destructiva para los países del Tercer Mundo en general, y para los árabes en particular, porque los porcentajes de productividad agrícola son en término medio y grosso modo los clásicos: entre un uno y un tres para la media de los países el Tercer Mundo, mientras que para la agricultura de los países capitalistas desarrollados es de un 10 a un 25. En consecuencia, la mundialización, la liberalización del mundo agrícola significa que rápidamente centenares de millones de campesinos se arruinarán. Eso es inaceptable porque no se trata de una transición, de una consecuencia por haberse abierto a la modernidad, se ha abierto una transición hacia el genocidio porque ninguna forma de desarrollo moderno y de industrialización puede absorber el ritmo de la destrucción de la masa de campesinos. Por eso el proceso de liberalización del sector agrícola es inaceptable. Se comprobó en Porto Alegre porque acudieron movimientos antiliberalización de la agricultura con condiciones geográficas, históricas y sociales extremadamente diferentes. No es sólo un no, un rechazo a la liberalización de la agricultura, sino que se piensa en una alternativa a ese rechazo, una forma de regulación del mercado mundial agrícola que pueda soportar la larga transición de las sociedades agrícolas con una débil productividad hacia una modernización.

N.Á.: El mito de que las empresas europeas trasladarían su producción al Norte de África y que el flujo de capital privado a la región sería importante se ha volatilizado con el paso de los años y la contundencia de las cifras, ¿cuál es el futuro?

S.A.: La lógica neoliberal europea conduce a muchas regiones del Tercer Mundo, y en particular al mundo árabe, a la desindustrialización, no a una nueva forma de industrialización integrada en el sistema mundial. En el pasado hubo cierto rechazo a los capitales de las inversiones de origen europeo hacia Marruecos y Túnez. Ese tipo de industria basada en la mano de obra a buen precio; la inexistencia de un sistema de impuestos; y la puesta a disposición de la industria de las inversiones públicas en infraestructura, comunicaciones, transportes, energía casi gratuita... Hemos visto que estas industrias se instalaron rápidamente, pero ahora con la nueva revolución tecnológica hay dos industrializaciones en los países árabes.

N.Á.: La presión militar a través del nuevo enfoque mediterráneo de la OTAN, la Fuerza de Intervención Rápida Europea, la alianza militar entre Turquía e Israel, ¿es una nueva forma de amenazar, de presionar al mundo árabe?

S.A.: Sí. Pero en ese punto también existe el problema de la relación entre Europa y Estados Unidos; es decir, entre la Fuerza de Intervención europea y la OTAN. Desde mi punto de vista la OTAN es una organización americana. Ha habido reservas, sobre todo francesas y alemanas, un deseo de autonomizarse que ha provocado el avance rápido de esa fuerza militar europea, pero el problema permanece porque no es fácil para los europeos constituir una fuerza militar. Los europeos tiene una extensa tradición militar y no necesitan a los americanos para aprender a hacer la guerra... pueden constituir un cuerpo común de 300.000 hombres en un cuarto de hora, la dificultad es saber quién lo dirigirá políticamente. Un ejército está a la disposición de la decisión política; EEUU tiene un ejército y también un Estado, hay un presidente de EEUU, hay un poder político mientras que Europa es sólo una asociación económica de países que políticamente son autónomos. Entonces, ¿quién decidirá sobre la fuerza militar europea?

N.Á.: ¿Tiene algún futuro tal y como está planteado en la actualidad el Proceso Euromediterráneo?

S.A.: Está terminado, muerto. Hay que decirlo, ese proyecto comenzó muy mal porque se inscribía en el proceso americano-israelí Madrid-Oslo, fue un elemento de apoyo. Una iniciativa cuestionada por el pueblo palestino que debe replantearse. Empezó mal porque ¿qué quiere decir euromediterráneo? Por una parte está Europa -acepto que Europa pretenda actuar colectivamente, por eso está representado no solamente por los países mediterráneos europeos, sino de toda la UE, incluida Suecia- pero del otro lado debe mantenerse la misma lógica y decir que existe algo que es el mundo árabe que no está constituido exclusivamente de países mediterráneos, está Irak, el Golfo, Sudán, Mauritania... ¿Por qué excluirlos? Es inaceptable. Los europeos han excluido al Golfo porque les venía bien para satisfacer a los americanos (América Latina y el Golfo son los dominios reservados de EEUU), pero también era la medida para introducir a Israel y a Turquía, esta última se pretende europea, pero ¿Israel qué es? Es simplemente una colonia. ¿Cual es la lógica del Tratado? Hay que hacer una campaña y decir: "El proyecto de asociación está muerto, estaba condenado desde el principio, lo sabíamos, no se trata de hacer que resista", de hecho los europeos ni siquiera quieren que resista porque los poderes dominantes europeos: los alemanes y los ingleses no están interesados, los ingleses siguen a los americanos y a los alemanes lo que les interesa es Europa del Este y no el Mediterráneo. Hay que hablar de un diálogo euroárabe, con todos los europeos y todos los árabes. Debemos empezar por hacerlo nosotros mismos, las fuerzas progresistas de la izquierda europeas y árabes.

N.Á.: ¿Cree que existe realmente un interés en ese diálogo, que englobe a todo el mundo árabe?

S.A.: Sí, existe ese interés.

N.Á.: ¿No se trata solamente una zona estratégica que se quiere controlar?

S.A.: Hay muchas razones, una puede ser la geoestrategia, el hecho es que hay relaciones geográficas e históricas. El mundo árabe y Europa son la zona central y periférica más próxima geográficamente, también está el problema de la inmigración, del Islam, la islamofobia de Europa.

N.Á.: ¿Eso podría ayudar cambiar el actual sistema de relaciones de Europa con el mundo árabe?

S.A.: No quiero ser dogmático ni exclusivo, pero creo que si se toman iniciativas amplias en ese campo será posible hacer presión sobre el poder europeo que es democrático en un sentido limitado, pero que al menos es sensible a las corrientes de opinión. Y en el mundo árabe porque los sistemas políticos arabo-autocráticos son vulnerables.

N.Á.: ¿Tienen viabilidad proyectos como la Zona de Libre Comercio Árabe, las uniones de aduaneras ente distintos países árabes como Líbano y Siria, o los países del Golfo?

S.A.: No. Debemos ser autocríticos, son proyectos muy débiles. En el momento del ascenso del movimiento de liberación nacional, se planteó la cuestión de la "Nación Árabe". Hay que partir de la realidad árabe planteada a diversos niveles. Existe un substrato común que puede ser un activo positivo para el futuro, una existencia de un elemento cultural, una lengua. La realidad se plasma desde un aspecto regional, territorial, en el que algunos grupos son artificiales, como lo fue el reparto entre franceses e ingleses de Oriente Medio, pero incluso esa división con el tiempo echó raíces. Hay que tomar en consideración todo esto, los movimientos de liberación nacional se desarrollaron en el entorno de las fronteras de los Estados por razones evidentes de rehabilitación, en consecuencia el concepto de la estrategia de modernización, de industrialización fueron concebidos en el momento anterior en un entorno de fronteras de Estado, y no en el entorno panárabe, manteniendo paralelamente un discurso positivo de solidaridad de la lucha más que de integración. Por eso nunca ha habido un proyecto verdadero de integración y lo que se ha adoptado como resultado es el proyecto fácil de mercado común. Lo que necesitamos es algo más enérgico que el mercado común, ya que la fragilidad de estos proyectos, sobre todo en el momento actual, pueden hacerlos integrarse en la perspectiva neoliberal.




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Una más:


Realizada por Irene León, al pensador egipcio Samir Amin, está compuesta de tres partes:  1) El mundo visto del Sur, 2) La implosión del capitalismo y 3)  Estrategias imperiales y luchas políticas. 

Samir Amin es autor de una voluminosa obra de análisis crítico del capitalismo y de innovadoras tesis, tales como la de la ‘desconexión’ y la de la ‘implosión’ del capitalismo, a las cuales se refiere en esta entrevista.

IL:   Quisiéramos enfocar este intercambio en tres problemáticas distintas pero relacionadas: su visión del mundo y las posibilidades de cambiarlo; su propuesta conceptual y política en torno a la implosión del capitalismo y la desconexión del mismo; y el análisis del contexto mundial, visto especialmente desde el Oriente medio y África. ¿Cuál es su visión del mundo visto desde el Sur y desde una perspectiva del sur?

SA: Para responder esta pregunta, que no es nada sencilla, es necesario dividir el tema en 3 partes. Nos interrogaremos primeramente sobre cuáles son las características importantes y decisivas del capitalismo contemporáneo −no del capitalismo en general, sino del contemporáneo−; qué tiene de nuevo realmente; qué es lo que le caracteriza. En segundo lugar enfocaremos la naturaleza de la actual crisis que, más que una crisis, yo la defino como una implosión del sistema capitalista contemporáneo. En tercer lugar, en este mismo marco, analizaremos cuáles son las estrategias y las fuerzas reaccionarias dominantes, es decir, del capital dominante, de la triada imperialista Estados Unidos-Europa-Japón y de sus aliados reaccionarios en el mundo entero. Solamente habiendo comprendido esto, podremos dimensionar el desafío al que se enfrentan los pueblos del Sur, tanto en los países emergentes como en el resto de países.

Mi tesis sobre la naturaleza del sistema capitalista contemporáneo −que de modo más modesto la llamaré «hipótesis» porque está abierta a discusión−, es que hemos entrado en una nueva fase del capitalismo monopólico, se trata de una etapa cualitativamente nueva, pautada por el grado de centralización del capital, cuya condensación llega a tal punto que, hoy en día, el capital monopolico lo controla todo.

Claro que el concepto ‘capital monopólico’ no es nuevo, fue acuñado a fines del siglo XIX y, de hecho, este se desarrolló como tal, a través de distintas fases sucesivas, durante todo el siglo XX; pero es a partir de los años 1970-1980 que despunta una etapa cualitativamente nueva, pues antes existía pero no lo controlaba todo. En la actualidad, ya no existe ninguna actividad económica capitalista que sea autónoma o independiente del capitalismo monopólico, este controla todas y cada una de las actividades, aún aquellas que conservan una apariencia de autonomía. Un ejemplo, de entre muchos, es el de la agricultura en los países capitalistas desarrollados, donde es controlada por los monopolios que proveen los insumos, las semillas seleccionadas, los pesticidas, los créditos y las cadenas de comercialización.

Eso es decisivo, es un cambio cualitativo al que yo llamo de «monopolio generalizado», es decir, que se extiende a todas las esferas. Esta característica provoca consecuencias sustantivas e importantes. En primer lugar, se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa, pues si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, más o menos populares, más o menos burguesas, pero diferenciadas por sus concepciones de la política económica, en la actualidad, en Estados Unidos, por ejemplo, republicanos y demócratas, o en Francia socialistas de la corriente de Hollande y la derecha de Sarkozy, son lo mismo, o casi lo mismo. Es decir que todos están alineados a un consenso que es el mandato del capital monopólico.

Esa primera consecuencia constituye un cambio en la vida política. La democracia así desvirtuada, se ha convertido en una farsa, como se ve en las elecciones primarias de Estados Unidos. El capital monopolista generalizado ha provocado consecuencias muy graves, ha convertido a los Estados Unidos en una nación de ‘tontos’, es grave porque la democracia ya no se expresa.

La segunda consecuencia es que el ‘capitalismo generalizado’ es la base objetiva de la emergencia de lo que llamo de «imperialismo colectivo» de la triada Estados Unidos-Europa-Japón.  Es un punto que afirmo con vehemencia, pues aun siendo una hipótesis estoy en capacidad de defenderla: no hay mayores contradicciones entre Estados Unidos-Europa-Japón, existe una ligera competición en el plano comercial, pero en el plano político, el alineamiento con las políticas definidas por Estados Unidos como política mundial, es inmediato. Lo que llamamos «comunidad internacional» copia el discurso de los Estados Unidos y tres minutos después aparecen los embajadores europeos, con algunas comparsas de grandes demócratas, como el emir de Catar o el rey de Arabia Saudita. La ONU no existe, esa representación de los Estados es una caricatura.

Es ésta la transformación fundamental, la transición del capitalismo monopólico al ‘capitalismo monopólico generalizado’, lo que explica la financiarización, porque estos monopolios generalizados son capaces, debido al control que detentan sobre todas las actividades económicas, de bombear una parte cada vez más grande de la plusvalía en todo el mundo y convertirla en la rampa monopolista, la rampa imperialista, que constituye la base de la desigualdad y del estancamiento del crecimiento de los países del Norte y de la triada Estados Unidos-Europa-Japón.

Eso me lleva al segundo punto: es este sistema que está en crisis y, más aún, no es solamente una crisis: es una implosión, en el sentido de que este sistema no es capaz de reproducirse desde sus propias bases, es decir, es víctima de sus propias contradicciones internas.

Este sistema implosiona, no porque sea atacado por el pueblo, sino a causa de su éxito, el éxito de haber logrado imponerse en el pueblo le lleva a provocar un crecimiento vertiginoso de las desigualdades, que no solamente es escandaloso socialmente sino que es inaceptable, pero termina siendo aceptado, y aceptado sin objeción; pero no es esa la causa de la implosión, sino el hecho de que no pueda reproducirse desde sus propias bases.

Eso me lleva a la tercera dimensión, que tiene que ver con la estrategia de las fuerzas reaccionarias dominantes. Cuando hablo de fuerzas reaccionarias dominantes me refiero al capital monopólico generalizado de la tríada imperialista histórica Estados Unidos-Europa-Japón, a las que se suman todas las fuerzas reaccionarias alrededor del mundo que se agrupan, de una forma u otra, en bloques hegemónicos locales, que sostienen y se inscriben en esta dominación reaccionaria mundial. Estas fuerzas reaccionarias locales son extremadamente numerosas y difieren enormemente de un país al otro.

La estrategia política de las fuerzas dominantes, es decir, del capital monopólico generalizado, financiarizado, de la tríada imperialista colectiva histórica tradicional: Estados Unidos-Europa-Japón, está definida por su identificación del enemigo. Para ellos, el enemigo son los países emergentes, es decir, China, el resto, como India, Brasil y otros, son para ellos semiemergentes.

¿Por qué China? Porque la clase dirigente china tiene un proyecto, no voy a entrar en detalles sobre la naturaleza socialista o capitalista de este proyecto, lo importante es que cuenta con un proyecto, que consiste en no aceptar los mandatos del capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada, que se impone mediante sus ventajas: control de la tecnología, control del acceso a los recursos naturales del planeta, de los medios de comunicación, la propaganda, etc., control del sistema monetario y financiero mundial integrado y de las armas de destrucción masiva. China viene a cuestionar este orden, sin hacer ruido.

China no es subcontratista, hay sectores en China que lo son, en su calidad de fabricantes y vendedores de juguetes baratos y de mala calidad, solo porque necesitan echar mano de divisas, eso es fácil, pero no es eso lo que caracteriza a China, sino su desarrollo y la rápida absorción de tecnología de punta, su reproducción y desarrollo propio. China no es el taller del mundo, como opinan algunos. No es «made in China» (hecho en China) sino «made by China» (hecho por China), eso ahora es posible porque ellos hicieron una revolución: el socialismo construyó paradójicamente la vía que hizo posible disputar un cierto capitalismo.

Yo diría que después de China, el resto de países emergentes son secundarios. Si tuviera que calificarlos, calificaría de emergente a China con 100%, Brasil 30% y el resto de países 20%. El resto, en comparación con China, son subcontratistas, porque tienen negocios de subcontratación importantes, porque tienen un margen de negociación, hay un compromiso entre el capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada y los países emergentes como India y Brasil y otros. No pasa lo mismo con China.

Por eso la guerra contra China figura como parte de la estrategia de la ‘triada’. Hace 20 años había ya estadounidenses locos que defendían la idea de declararle la guerra, porque después sería muy tarde.
Los chinos tuvieron éxito, es por eso que su política exterior es tan pacífica, y ahora Rusia entra a formar parte, junto a ellos, de la categoría de verdaderos países emergentes. Vemos a Putin, planteando la modernización del ejército ruso, intentando rehacer lo que era la armada soviética, que constituyó un verdadero contrapeso a la potencia militar de los Estados Unidos, esto es importante. No discuto aquí sobre el hecho de que Putin sea o no demócrata, o si su perspectiva es socialista o no; no se trata de eso, sino de la posibilidad de contraponer al poder de la triada.

El resto del mundo, el resto del Sur, todos nosotros, ustedes los ecuatorianos, nosotros los egipcios, y muchos otros, no contamos. Al capitalismo monopólico colectivo, nuestros países apenas le interesan por una sola razón: el acceso a nuevos recursos naturales, porque este capital monopólico no puede reproducirse sin controlar, despilfarrar los recursos naturales de todo el planeta. Es lo único que les interesa.
Para garantizarse un acceso exclusivo a los recursos naturales, los imperialistas necesitan que nuestros países no se desarrollen. El ‘lumpendesarrollo’, como lo definió Andre Gunder Frank, se dio en circunstancias muy distintas, pero tomo prestado el término ahora en condiciones diferentes, para describir cómo el único proyecto del imperialismo para nosotros es el no-desarrollo. Desarrollo de lo anómalo: pauperización más petróleo, crecimiento falso, o gas, madera, o lo que sea, para tener acceso a los recursos naturales y es eso lo que está a punto de implosionar, porque es lo que se ha vuelto intolerable moralmente, el pueblo no lo acepta más.

Es aquí donde se generan las implosiones, las primeras olas de implosión se originaron en América Latina, y no es producto del azar que hayan tenido lugar en países marginales, como Bolivia, Ecuador, Venezuela. No es producto del azar. Luego, la primavera árabe, ya tendremos otras olas en Nepal y otros países, porque no es algo que esté sucediendo solo en una región específica.

Para el pueblo que es protagonista de esto, el desafío es enorme. Es decir, el desafío no se da en el marco de este sistema, en el intento de trascender desde el neoliberalismo hacia un capitalismo con rostro humano, entrar en la lógica de la buena gobernanza, de la reducción de la pobreza, la democratización de la vida política, etc. porque todos esos son modos de gestionar la pauperización, que es el resultado de esta lógica.

Mi conclusión –desde una postura enfocada principalmente en el mundo árabe− es que esta no es apenas una coyuntura sino mas bien un momento histórico, que se presenta formidable para el pueblo. Me refiero a la revolución, pero aun si no quiero abusar de ese término, están dadas las condiciones objetivas para construir amplios bloques sociales alternativos anticapitalistas, hay un contexto para la audacia, para plantear un cambio radical.



fuente


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Gracias Zenon