recogida de una actualidad con el ánimo de archivo y la opinión personal

jueves, 7 de junio de 2012

RAMON CHAO: me gustan los catalanes..



Hoy me han apuntado esta carta que el Sr. Chao senior escribió en La Voz de Galicia hace ya un tiempo, alrededor de siete años atrás.


Me gustan los catalanes porque a lo largo de su historia acogieron e integraron a íberos, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y sudacas, sin conocer los problemas que afectan ahora a Francia; es un ejemplo.

Me gustan los catalanes porque ya el 7 de abril de 1249 el rey Jaime I nombró a cuatro prohombres de Barcelona (los paers) para dirimir los conflictos de la ciudad sin violencias ni reyertas. Esos hombres sabios, que pasaron a cien en 1265 (el Consell de Cent), iniciaron el sistema del gobierno municipal de Barcelona. Gracias a ellos reinó allí la concordia, y antes de empuñar las armas refirieron siempre emplear la razón.
Me gustan los catalanes porque en toda su historia no han ganado ni una sola guerra y encima les da por conmemorar como fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a manos de las tropas de Felipe V de Borbón.

Cataluña había dejado de ser una nación soberana. Desde entonces, cada 11 de septiembre muchos catalanes y catalanas, como hay que decir ahora, se manifiestan para reclamar sus libertades.

Me gustan las catalanas porque una de ellas, joven y bien plantada por cierto, no vaciló en pegarse a mi espalda durante cuatro días en el asiento trasero de una Vespa cuando recorrí la península en pos de Prisciliano.

Me gustan los catalanes porque tienen de emblema un burro tenaz, trabajador y reflexivo, muy alejado del toro ibérico cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte. Estos animales son de una raza registrada, protegida, y prolíferos sementales. Al igual que el cava, se exportan a numerosos países para mejorar la especie autóctona, como a Estados Unidos, donde crearon el Kentucky-catalan donkey. Y allí no piensan, ni mucho menos, en boicotearlos.

Cierto es que en el carácter catalán confluyen las virtudes del asno. Pero los rasgos diferenciales no se limitan a los de este cuadrúpedo. La población catalana se define por una doble característica: el seny y la rauxa . El seny implica sabiduría, juicio mesurado y sentido común.. Tenía seny aquel catalán que iba en un compartimiento de un tren al lado de la ventanilla. Tiritaban de frío y los otros pasajeros le pidieron que la subiera: «Es igual», contestó a varias solicitudes, hasta que un mesetero se levantó furioso y alzó la ventanilla... ¡cuyo cristal estaba roto! «Es igual», volvió a repetir el buen hombre con toda su santa cachaza. Al seny le responde la rauxa, asimilable a la ocurrencia caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y absurda). Cuando de joven el surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura con sotana, le decía: «Siéntese, señora».

La alianza de estas dos facetas en un solo individuo forma el carácter catalán, que se comunica, se comparte y se aprecia. El otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise ayudarle a un pasajero, dada la exigüidad del espacio, a ponerse el abrigo: «No, por favor, no se moleste, que bastante trabajo me cuesta a mí sólo»

Me gusta Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don Quijote recobró la razón, sin duda contagiado por el seny. Me hubiera dado mucha pena que el Ingenioso Caballero muriera loco. Me gusta Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos eligió su capital para vivir en ella por ser una ciudad abierta, tolerante y discreta.

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Uno de los valores significativos de internet es que en cualquier momento dado puede surgir el texto que alguien escribió tiempo atrás y que bien pone en compromiso la integridad del autor o bien lo hace descubrir ante el asombro de todos. 

Desde este instante, el señor Chao, una "celebridad anónima" en sus propias palabras, ha sido declarado como figura relevante en mi modesta blogosfera.  No sólo por su escrito, a primera vista un tanto alagador, sobre la catalanidad sinó por que sus palabras me han hecho indagar.  ¿Quién es ese gallego que habla con tanta soltura del carácter catalán?  

Cierto es que el Sr. Manu Chao viene respaldado por una nómina genética de primera línea: papá, escritor, periodista y además pianista, es un personaje al que han otorgado premios de comunicación, de mérito civil, e incluso, por su coherencia humana y solidaridad periodística.  Pese a su dilatada carrera (fue redactor jefe del Servicio América Latina en Radio France Internacional y colabora en periódicos como Le Monde o Le Monde Diplomatique), es conocido por muchos por ser el padre del famoso cantante.  Sin embargo, reconocimientos no le faltan. Fue nombrado Caballero de Artes y Letras de Francia en 1991, ascendido a oficial en 2004, y el Estado español le concedió la Encomienda del mérito civil en 2003.

No obstante me gustaria compartir un pensamiento con usted estimado Sr. Chao: que su hijo haya escogido Barcelona para residir, no creo que venga relacionado directamente con la apertura de la ciudad, ni su tolerancia ni discrección, diga más bien que por haberse encontrado a gusto y con  infinidad de amigos en su misma línea de pensamiento y parecer.  

Barcelona no es, según mi modesto criterio, una ciudad tal y como usted describe.  Más aún, la ciudad es ahora un compendio de características que alguien, a modo de baraja española, lanzó dentro de una chistera en el año 1986 y  poco a poco, el mago de turno, las está sacando y exponiendo al uso cotidiano, según la conveniencia determinada.

El devenir de las culturas, étnias, lenguas y gentes que aquí se mezclan no tiene nada de avanzado ni positivo más que en cualquier otra ciudad mediana europea.  La globalización nos ha regalado esta pluralidad de riquezas que resuelven el problema de la monotonía pero aumentan la tasa de los desesperados en busca de algo de acción diferente.

El modesto análisis que intento subrayar es que vivir en una ciudad como Barcelona es plural, igual que en Leipzig, Hamburgo, Manchester, Lyon, Viena, Praga, etc.., pero sus habitantes autóctonos piensan que su ciudad ha sido convertida en un parque temático y ya no están cómodos en ella.  

Muchísima afluencia de público durante doce meses al año significa muchísimo aporte económico para las arcas de todo el sector turístico aunque, querido señor Chao, la gran masa de población que inicia su estancia turisteando y luego permanece en la ciudad por la facilidad de adaptación que ofrece y su vida subvencionada a costa de los fondos de ayuda (que nuestros servicios sociales parece que gozan en otorgar a estos aportadores de diversidad), éstos se convierten en un grave problema, nos están dando mala vida.

Ya ha sido sobradamente demostrado que el factor globalización ha convertido la raiz de cada cultura  o su própia esencia en el libro de prácticas exclusivas de la escuela, a modo de recuerdo de aquellas costumbres auténticas y genuinas de antaño; los abuelos, sus hábitos, sus prácticas, etc..  Hoy día debatimos la cultura con extrangerismos, curiosamente, resolvemos costumbres pretéritas como prácticas salvajes con todo tipo de fauna (en total acuerdo por mi parte), organizamos festivales internacionales de música, de las todas las artes, compartimos y emancipamos las ideología que pretenden adaptarse a las líneas más rígidas y evolucionadas del pensamiento humano.  Somos ricos en la generación de ideas, como en la época de la Ilustración, el tiempo de todas las orgías intelectualoides tales como cuando se pretendía cambiar el número de horas del reloj de doce a diez, por citar un absurdo en concreto.

Además de clonfluir en mi las virtudes del asno, estimado amigo Chao, también forman parte de mi recién adquirida riqueza intelectual las aportaciones de más de dos décadas de los "multiculturalizados" passing donkeys (permítame el anglicismo), vengan de donde vengan: desde Galicia, desde Australia o de la China.  Estaremos eternamente agradecidos al Excmo. ex-alcalde Sr. Pasqual Maragall, al Sr. Bohigas y a todos y cada uno de los gestores de esa conveniencia determinada, aunque no hayan preparado la ciudad para tal avalancha de abusos.

Saludos